-
Rescatado en la tempestad. (Parte 1)
Fecha: 31/03/2026, Categorías: Gays Autor: Prometeo, Fuente: TodoRelatos
... una mezcla de sorpresa y confusión. —¿Qué haces, sobrino? ¿Te has estado masturbando y te has corrido sobre mí? Aunque no sonaba realmente enfadado, la oscuridad me impedía ver su rostro y descifrar lo que sentía. La vergüenza me consumió. —No, perdóname, tito Dani. Me desperté… un poco excitado, y te juro que no me he tocado, pero se me escapó algo. Creo que te ensucié al estar tan cerca. Lo siento, estoy muy avergonzado —balbuceé, sintiendo que estaba de pie y el suelo se abría bajo mis pies. —¡Joder, sobrino! ¿No vamos a avanzar? —dijo, su voz más exasperada que molesta—. No has hecho nada malo. ¿Quieres que nos pongamos la ropa interior para que estés más cómodo? —¡No, por favor! —solté sin pensar, las palabras escapando de mi boca con una urgencia que me sorprendió. —¿Y entonces qué quieres, Gonzalo? —preguntó, ahora con un matiz de impaciencia en su tono. —No lo sé, tito… de verdad que no lo sé —admití, mi voz temblando por la desesperación—. Lo único que quiero es que no dejes de venir a dormir conmigo. —Joder, no voy a dejar de venir, sobrino —respondió, su tono suavizándose, aunque con un dejo de frustración—. Está bien, esto ya no tiene sentido. Túmbate. — Que me tumbe, ¿cómo? —pregunté, confundido, sin entender a qué se refería. —Que te tumbes en la cama y cierres los ojos —ordenó, su voz más firme, casi imperativa, dejando claro que no admitía más preguntas ni dudas. No sabía qué quería hacer, pero obedecí y me tumbé como mi tío me había ...
... indicado, el corazón latiéndome con furia. Mi pene estaba en plena erección, y en la penumbra de la habitación, rezaba para que él no pudiera notarlo. Pero lo que ocurrió a continuación fue lo último que yo esperaba que ocurriese. De repente, sentí el peso de Daniel inclinándose sobre mí. Su mano encontró mi rodilla, acariciándola con suavidad, como si explorara en la oscuridad para confirmar dónde estaba. Una vez seguro, su mano comenzó a subir por mi muslo, lenta, casi delicada, rozando cada centímetro de mi piel. El calor de su tacto me hizo jadear, una mezcla de nervios y excitación que apenas podía contener. Cuando sus dedos rozaron mis testículos, un gemido fuerte escapó de mi garganta. Daniel respondió con un leve “shhh”, instándome a guardar silencio. Me llevé la mano a la boca, presionándola con fuerza para sofocar los sonidos que pugnaban por salir. Pero entonces, su mano se cerró alrededor de mi pene y comenzó a moverla con decisión, masturbándome con una firmeza que me desarmó. Mis gemidos se intensificaron, y tuve que apretar la mano contra mi boca aún más, luchando por contener los sonidos que se escapaban entre mis dedos, mientras mi cuerpo temblaba bajo su toque. —Ahh, uhhmm, Dios… —gemí, mi cuerpo estremeciéndose bajo las fuertes caricias que mi tío aplicaba a mi pene, cada movimiento enviando oleadas de placer que me hacían perder el control. —Shhh, tranquilo, sobrino. Guarda silencio o ambos tendremos problemas —dijo Daniel, su voz seria, pero sin ...