-
Rescatado en la tempestad. (Parte 1)
Fecha: 31/03/2026, Categorías: Gays Autor: Prometeo, Fuente: TodoRelatos
... detener el ritmo de su paja sobre mi falo. —Es demasiado, tito. No puedo soportar tanto placer —susurré, mi voz entrecortada por la intensidad. —Te gusta, ¿verdad? —preguntó, su tono ahora más suave, casi cómplice. —¡Demasiado… ahhh! ¡Demasiado… ahhh! —repetí, sintiendo cómo mis dedos se retorcían y mi cuerpo se rendía al éxtasis que me consumía. Al verme a punto de correrme, mi tío ralentizó la masturbación, lo que consiguió que me calmara un poco. Cuando mi piel comenzó a resecarse por la fricción acelerada, escuché a Daniel escupir en su mano. Un instante después, la llevó de nuevo a mi pene, lubricándolo con una suavidad que me arrancó otro gemido. Una corriente cálida me recorrió el estómago, intensificando cada sensación y provocando que volviera a gemir de placer. —Tito, no voy a aguantar mucho más. Me gusta demasiado lo que haces —admití, mi voz cargada de sinceridad, entregado a sus caricias. —Está bien, sobrino. Suéltalo de una vez para que puedas relajarte y dormir —sugirió, su tono calmado pero firme. —No, tito, por favor. No puedo soportarlo más. Necesito tocarla, ansío devolverte el favor —rogué, mi voz temblando de excitación y deseo puro. Daniel se quedó en silencio por un instante, su mano aún sobre mi piel, aferrada a mi polla, como si el peso de mis palabras lo hubiera detenido. En la penumbra, no podía ver del todo su rostro, pero sentí la tensión en su cuerpo, una pausa que cargaba el aire de incertidumbre. Su respiración se ...
... volvió más pesada, y supe que estaba librando una batalla interna. Él había abierto la puerta a esta intimidad, había derribado las barreras con sus palabras y su toque, pero mi súplica parecía haberlo llevado a un borde que no estaba seguro de cruzar. Era mi tío, el hombre que siempre había sido mi confidente, pero también alguien que conocía los límites, los riesgos. ¿Estaba dudando por mí, por él, o por lo que esto podría significar para ambos? Su voz, cuando finalmente habló, tenía un matiz de resignación, como si se rindiera a algo más grande que él mismo. —Está bien, que sea lo que Dios quiera. Haz lo que quieras, Gonzalo —dijo, soltando mi pene y recostándose en la cama, su cuerpo abierto como una invitación a explorarlo. Llevado por la excitación y temeroso de que cambiara de opinión, no lo dudé un instante. Me puse a cuatro patas sobre mi tío, mi cuerpo temblando de anticipación. Siguiendo su ejemplo, busqué su pierna en la penumbra, rozándola con suavidad. No hubo respuesta, solo el silencio de su respiración. Mis dedos subieron lentamente, encontrando la firmeza de su rodilla musculosa, que se deslizó entre ellos como un mapa que empezaba a conocer. El sudor que cubría su piel, mezcla del calor de la noche y la tensión del momento, hacía que mis dedos se resbalasen con facilidad. Continué ascendiendo por el interior de su muslo, hasta que mi mano rozó de nuevo su saco testicular, cálido y pesado bajo mi tacto. —Ufff —soltó Daniel, un sonido grave que le ...