1. Rescatado en la tempestad. (Parte 1)


    Fecha: 31/03/2026, Categorías: Gays Autor: Prometeo, Fuente: TodoRelatos

    ... traicionaba denotando cuánto le había gustado ese contacto sutil.
    
    Con la certeza de dónde estaba su pene, giré mi mano y, por primera vez, sujeté unos testículos que me parecieron inmensos. El vello que los cubría rozaba mis dedos con una textura áspera pero placentera, y al presionar con un poco más de fuerza, sentí su firmeza, una dureza que me aceleró el pulso. Un segundo después, la parte superior de mi mano encontró la base de su gigantesca polla, gruesa, con un diámetro que no parecía menor a cinco centímetros. Mis yemas comenzaron a recorrer su longitud, acariciando con suavidad esa extensión que parecía no tener fin. Los 24 centímetros que había mencionado eran reales, y cada centímetro era un torrente de placer para mí. Al llegar al glande, noté una humedad cálida: su líquido preseminal brotaba desde la punta, igual que el mío minutos antes. Una urgencia irrefrenable me empujó a querer probarlo, a llevar esa gota a mi boca, aunque nunca había tenido el valor de hacerlo con el mi propio.
    
    Cuando comencé a masturbarlo, mi tío dejó escapar un gemido, casi un eco de los míos, y sus manos se aferraron a las sábanas, como si luchara por contener su propio placer. Animado por los recuerdos de su cuerpo desnudo, me incliné hacia sus testículos, aspirando el aroma fresco del gel de ducha que aún impregnaba su piel, un rastro de la higiene de apenas unas horas atrás. El olor me envolvió, intensificando mi deseo.
    
    Su polla había crecido tanto que sentía que podía ...
    ... abarcarla si usaba ambas manos. Intrigado, lo comprobé, envolviéndolo con las dos, y aun así, parte de su longitud sobresalía, con gotas de su semen rozando mis dedos. No pude contenerme más. Me incliné y llevé su glande a mi boca, arrancándole un gemido profundo, mezcla de placer y sorpresa.
    
    —No, Gonzalo, esto es demasiado —protestó, su voz quebrada por la intensidad del momento.
    
    Hice caso omiso de su advertencia, impulsado por un deseo que nublaba todo lo demás. Recordé las escenas de las películas porno que guardaba ocultas en el disco duro de mi ordenador y me esmeré en imitarlas. Con ansias, introduje unos cuatro o cinco centímetros del pollón de mi tío en mi boca, sintiendo por primera vez una arcada que me tomó por sorpresa. Pero la excitación era más fuerte. Me esforcé, ignorando la incomodidad, y logré tomar unos centímetros más del su fantástica polla, con mi cuerpo temblando bajo el peso de lo que estaba haciendo.
    
    —¡Joder, no me lo puedo creer…! — exclamó el tito Daniel, deslizando sus manos desde mi barbilla hasta la nuca para intentar detenerme, pero viéndose incapaz por el gran placer que estaba experimentando, terminar por guiar su enorme miembro más allá de mis encías, empujándolo con determinación y avidez.
    
    Retuve la respiración un par de segundos antes de soltar un suave suspiro y volver a tragar, agradecida de haber relajado la garganta hasta convertir la arcada en un mero susurro. Su polla, firme y palpitante, surcaba mi boca con lentitud, cada ...