1. Rescatado en la tempestad. (Parte 1)


    Fecha: 31/03/2026, Categorías: Gays Autor: Prometeo, Fuente: TodoRelatos

    ... cuerpo.
    
    Justo cuando pensé que mi excitación no podía alcanzar un nivel más alto, Daniel se giró hacia la mesita de noche donde guardaba su ropa interior. Ahora, no había prenda alguna que cubriera su cuerpo. Mis ojos recorrieron su pecho musculoso, cubierto de un vello oscuro, brillante y ligeramente rizado que descendía por su abdomen hasta el ombligo. Su vientre era duro como una tabla, con unos abdominales tan definidos que nuevamente me evocaban a las imágenes de una escena deSuperman con Henry Cavill. Pero mi mirada no pudo resistirse más y se clavó en su pene. Era imponente, con una presencia que parecía casi musculosa, como si fuera un pene de carne, pero siendo claramente uno de sangre, lo que indicaba que crecería aún mucho más. Incluso en reposo, superaba con creces mis propios 17 centímetros y medio, de los que siempre me había sentido orgulloso tras medir con cuidado. ¿Cuánto más podría crecer el de mi tío? La pregunta me quemaba, tan intensa como el calor que me devoraba.
    
    —¿Sorprendido por mi pene, sobrino? —dijo mi tío Dani, con una risa que mezclaba burla y orgullo, rompiendo el silencio que me tenía atrapado.
    
    —Lo siento, tito, no quería invadir tu intimidad, ¿me perdonas? —respondí, con la voz quebrada por la vergüenza. Mi erección desapareció en un instante, y las lágrimas amenazaban con salir, quemándome los ojos.
    
    —Vamos, sobrino, no seas tonto. Todos hemos sido jóvenes. Yo también sentí curiosidad por comparar mi pene con el de mis hermanos ...
    ... mayores, incluso con el de mi padre. No tienes por qué avergonzarte —dijo con una calma que me desarmó—. Por eso eché el pestillo, para que nadie que no debiera me viera. Pero tú no eres un extraño. Tienes diecinueve años, ya no eres un niño para sentirte mal por estas cosas.
    
    Sus palabras fueron como un bálsamo. La tensión en mi pecho se aflojó, y una sonrisa tímida se dibujó en mi rostro, aunque la vergüenza aún me apretaba el estómago.
    
    —No estoy acostumbrado a ver a nadie desnudo, tito. Me da mucha vergüenza incluso que me vean a mí —admití, abriéndome un poco, dejando salir una verdad que pesaba.
    
    —Es solo cuestión de acostumbrarse, sobrino. Pronto te parecerá algo normal, natural. De eso ya me encargo yo —respondió con una mirada que parecía insinuar algo más—. Pero recuerda, no hay nada malo en sentir interés por las personas, sean hombres o mujeres, ¿me entiendes?
    
    Sus palabras, y esa chispa en sus ojos, me hicieron preguntarme si sabía más de lo que dejaba ver. ¿Estaba diciéndome, de alguna forma, que conocía mi secreto y que lo aceptaba? No estaba seguro, pero la posibilidad me llenó de un alivio extraño.
    
    —Gracias, tito. Intentaré ser más abierto contigo de ahora en adelante —dije, sonriéndole, sintiendo cómo el peso de la vergüenza se aligeraba. Él me devolvió la sonrisa, se acercó y me revolvió el pelo con sus dedos, pellizcándome la mejilla con cariño. En ese instante, su cuerpo desnudo quedó tan cerca que su pene estuvo a centímetros de mi rostro, más ...
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