1. Rescatado en la tempestad. (Parte 1)


    Fecha: 31/03/2026, Categorías: Gays Autor: Prometeo, Fuente: TodoRelatos

    ... cerca que nunca. Aunque sus palabras me habían dado permiso para mirar, mi mente seguía ardiendo con deseos que no estaba seguro de poder confesar. Un segundo después, se apartó hacia la mesita de noche, tomó un slip ajustado y se lo puso con rapidez.
    
    Justo entonces, mientras Daniel se vestía con una camiseta de tirantes y unas bermudas ajustadas, la voz de mi madre resonó desde la cocina, llamándonos a cenar.
    
    Nos dirigimos al comedor para reunirnos con mis padres y mis hermanas. La cena transcurrió como siempre, con las mismas discusiones sobre política y noticias que llenaban nuestras noches. No obstante, algo había cambiado en mí. Por primera vez, veía a mi tío Daniel de una manera distinta, como alguien más cercano, más íntimo. Aunque el deseo que sentía por él no había disminuido, ahora lo percibía también como un confidente, alguien con quien podría hablar de cualquier cosa, incluso de temas tan privados como el sexo. Esa barrera que él había derribado entre nosotros me llenaba de una calma inesperada, una alegría que me hacía sentir más ligero.
    
    Tras la cena, ayudamos a mi madre a recoger la mesa y cargamos el lavavajillas. Barrí las migajas de pan esparcidas por el suelo y luego pasé por el baño para lavarme los dientes antes de volver al dormitorio. Al entrar, el calor me golpeó de inmediato; la habitación seguía sofocante, seguro por encima de los 30 grados. Daniel estaba tumbado en la cama, hojeando noticias en su móvil con aire despreocupado. Al verme, ...
    ... alzó la vista y dijo:
    
    —Sobrino, hazme el favor de cerrar la puerta con el pestillo y abrir un poco más la ventana para que entre algo de aire fresco.
    
    Sus palabras me sorprendieron. Otra vez pedía echar el pestillo, lo que contradecía mi idea de que le incomodaban los espacios cerrados. Sin decir nada, obedecí. Cerré la puerta, pasé el pestillo y me acerqué a la ventana para abrirla un poco más, dejando que una brisa tibia se colara en la habitación. Al girarme hacia mi escritorio, vi cómo Daniel se quitaba la camiseta y las bermudas con un movimiento natural, quedándose solo con el slip ajustado.
    
    En un instante, el calor de la habitación se volvió insoportable. El sudor comenzó a perlar mi frente, y mi boca se secó como si hubiera tragado arena. Mi cuerpo reaccionó al verlo, una vez más, con una intensidad que no podía controlar.
    
    —¿Tienes el examen de química mañana, Gonzalo? —preguntó mi tío Daniel, su voz rompiendo el silencio mientras seguía recostado en la cama, con el móvil aún en la mano.
    
    —No, tito, es dentro de dos días —respondí, esforzándome por sonar tranquilo, aunque mi pulso traicionaba mi nerviosismo.
    
    —Bien, entonces, ¿por qué no dejas los estudios por hoy y te vienes a la cama para que hablemos? —propuso, con un tono cálido que no admitía excusas.
    
    —¿De qué quieres que hablemos, tito? —pregunté, incapaz de ocultar el temblor en mi voz, mi corazón latiendo desbocado.
    
    —Tú haz caso a tu tío. Deja la vergüenza, ponte cómodo y ven aquí a mi lado ...
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