1. Rescatado en la tempestad. (Parte 1)


    Fecha: 31/03/2026, Categorías: Gays Autor: Prometeo, Fuente: TodoRelatos

    ... para que charlemos —insistió, con una mezcla de autoridad y cariño que me desarmó.
    
    Mi corazón galopaba como un caballo salvaje, y el sudor seguía corriendo por mi piel, imparable. Aun así, recordé sus palabras de esa tarde, su invitación a ser más abierto. Inspirado por su ejemplo, me quité la camiseta con un movimiento rápido, desabroché el cinturón que sujetaba mis pantalones cortos y los dejé caer al suelo, quedándome solo en calzoncillos, igual que él.
    
    Mi tío me miró y sonrió, una chispa de aprobación en sus ojos. Estaba claro que mi gesto, mi confianza al seguir sus pasos, era justo lo que esperaba. Con el cuerpo todavía vibrando de nervios, me tumbé en la cama a su lado, dejando unos centímetros de distancia entre nosotros. Quería mostrarle que me sentía cómodo, pero también dejar claro que no cruzaría ninguna línea que no fuera apropiada.
    
    —Vamos, sobrino, no seas tímido. Acércate a tu tío y hablemos de hombre a hombre —dijo, haciendo una pausa antes de continuar con voz serena—. No quiero que te avergüences por nada de lo que te diga o pregunte. Y que sepas que nada de lo que hablemos aquí saldrá de esta habitación, te lo juro.
    
    —Vale, ¿qué quieres decirme o preguntarme, tito? —respondí, mi voz temblando a pesar de mis esfuerzos por mantener la calma.
    
    —Te lo recuerdo, no te avergüences, pero sí te pido sinceridad —insistió, su tono firme pero cálido—. ¿Por qué llevas esa erección desde que me quité la ropa, Gonzalo?
    
    Sus palabras me golpearon como un ...
    ... trueno. Bajé la mirada instintivamente hacia mi calzoncillo y vi, con horror, que mi pene estaba en plena erección, el glande a punto de escapar por la cinta elástica que lo contenía. La vergüenza me ahogó, y mis manos volaron a mi rostro, intentando esconderme de él y del mundo.
    
    —Shhh, shhh, tranquilo, sobrino. He dicho que nada de avergonzarse, no me vayas a llorar —dijo él, su voz suave pero autoritaria—. No hay nada malo en empalmarse, solo quiero que te abras y seas sincero con tu tío.
    
    Sus manos tomaron las mías con delicadeza, apartándolas de mi cara. Me obligó a mirarlo, y su cercanía hizo que mi corazón latiera aún más rápido.
    
    —Yo… no sé cómo decirlo, tito —balbuceé, sintiendo que las palabras se me atragantaban.
    
    —Vamos, sobrino, échale cojones. Tu tío no se va a asustar de nada, te lo digo en serio —replicó, rodeándome los hombros con su brazo derecho mientras levantaba mi barbilla con la otra mano, forzándome a sostener su mirada.
    
    —No me atrevo, tito. Me da demasiada vergüenza —admití, luchando por calmar el torbellino en mi pecho.
    
    —Sobrino, me he desnudado completamente ante ti. ¿Crees que algo que digas me va a avergonzar o molestar? Vamos, ábrete —insistió, su voz cargada de una paciencia que me desarmaba.
    
    Respiré hondo, sintiendo que el mundo se detenía. —Está bien, tito. Estoy así porque me pones muy cachondo —solté de una vez, con el corazón en la garganta, dejando que el destino decidiera lo que vendría después.
    
    El tío Daniel se quedó ...
«12...789...16»