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La mujer de mi hijo (2)
Fecha: 04/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos
... con un body negro cavado que apenas le cubría lo justo. Escote profundo, más que generoso. Las tetas, pequeñas pero redondas, paradas, perfectas. El pelo lacio le caía sobre los hombros. Miraba a la cámara con los labios entreabiertos, como si justo estuviera por decir algo sucio. O por gemir. Deslicé hacia abajo. La segunda imagen era aún peor —o mejor, según cómo se mire—. Estaba de espaldas, con un shortcito tipo boxer negro, ajustado como una segunda piel. La tela le trepaba entre las nalgas. Ese culo... Dios. Lo reconocería en cualquier parte. Lo había tenido en mi mano, lo había sentido temblar cuando ella me lo apretaba en plena mamada. Era un orto perfecto. De una redondez absoluta, gordo, bien erguido, con la tersura que solo se tiene a los veinte años. Empecé a sentir la erección venir como una ola que no se podía frenar. La tercera foto era todavía más provocativa. Llevaba un conjunto blanco: top strapless y pantalones ajustados, altos, marcándole la cintura como si fueran pintados. El contraste con su piel bronceada me nubló la vista. Tenía las manos en la cadera, como desafiando a quien la mirara. Me detuve en esa imagen unos segundos. Me acordé de su boca mojada, de cómo se la metía toda sin chistar. Y sentí un cosquilleo que me subió por la columna. Tragué saliva. La calentura ya era insoportable. Deslicé otra vez. En la siguiente aparecía con un enterito negro, con un cinturón ancho en la cintura, de esos con hebillas doradas. El escote era ...
... tan profundo que apenas cubría lo justo. Estaba parada de costado, mirando hacia otra parte, pero las tetas seguían robándose toda la atención. Esa forma de posar que tenía, me volvía loco. Era como si supiera a la perfección lo buena que estaba, que todos estaban calientes con ella, que un montón de desconocidos tendrían una erección, e incluso se harían una paja mientras la admiraban. Sospechaba que Michelle disfrutaba generando eso. Gozaba sabiendo que había miles de tipos, muchos de ellos con la edad suficiente como para ser su padre, que la desearían como se desea lo inalcanzable. Recordé la forma en que se inclinó hacia mi asiento esa madrugada. El modo en que me sacó la pija sin preguntar, como si lo hubiera hecho mil veces. Cómo se la metió en la boca como una experta, cómo me miró desde abajo, con la lengua en la punta, como burlándose de mi debilidad. La pija me latía como si estuviera a punto de explotar. Deslicé otra. En la nueva imagen, Michelle tenía un conjunto estampado tipo vaquita, top con escote en V y short hiperajustado. Estaba frente al espejo, con una pierna ligeramente adelantada, como si supiera que ese ángulo hacía que su culo se marcara mejor. Era una obra de arte. Redondo, firme, sin una gota de celulitis. Lo había tenido tan cerca, en mis manos, en mi imaginación durante los siguientes años. Había pasado tanto tiempo y aún la recordaba mejor que a la primera vez con mi mujer. Es que un hombre nunca se olvida de su mejor polvo. Y eso que ...