1. La mujer de mi hijo (2)


    Fecha: 04/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: TodoRelatos

    ... casualidades existen. Que el universo no gira alrededor de mis pecados. Que, después de todo, habían pasado tres años.
    
    Y lo más probable era que ella ni se acordara de mí.
    
    Ese pensamiento me retumbó con fuerza. Me molestó más de lo que hubiera querido admitir. ¿Y si no se acordaba de mí? Sería lo más conveniente, pero, a la vez, me indignaba.
    
    Recordé que, aquella noche, había dicho algo sobre vivir una experiencia. Una anécdota para contarle a sus nietos. Como si yo fuera un personaje más en su colección de recuerdos. Después de todo, eso era para ella. Un polvo en un auto viejo, en una madrugada más.
    
    Eso era lo mejor.
    
    Faltaban un par de kilómetros para llegar a casa cuando, sin pensarlo mucho, volví a agarrar el celular. Lo desbloqueé, abrí Instagram, y busqué su perfil otra vez.
    
    Me detuve en una de las fotos: la que más me había perturbado antes. De espaldas, con ese culito marcado, la pollera que no tapaba nada y esos muslos perfectos. Volví a sentir el cosquilleo en el estómago. La tensión en el pantalón. Y, por un instante, me sentí nervioso. Como un adolescente. Como si tuviera diecisiete y estuviera a punto de mandarle un mensaje a la mina más linda del colegio.
    
    Estuve a punto de escribirle. Pensé en advertirle. En decirle algo como: “Michelle, tenemos que hablar. Yo soy el papá de Tobías. ¿Te acordás de mí? Nos conocimos en Avenida de Mayo, cuando salías de Pinar de Rocha”.
    
    Pero no me animé. ¿Qué pasaba si justo estaba con Tobías y él leía el ...
    ... mensaje? ¿Qué pasaba si veía que su padre le escribía a su novia?
    
    Me quedé quieto, con el pulgar sobre el teclado, sin moverme. La pantalla brillando en la oscuridad del auto.
    
    Y entonces apagué el celular. Lo tiré sobre el asiento del acompañante. Respiré hondo. Me dije que no iba a hacer nada. Que simplemente iba a esperar. Dejar que el tiempo hablara.
    
    Y el tiempo habló.
    
    Esa noche, ya en la cama, Estela me lo confirmó, con la misma naturalidad con la que uno comenta el clima.
    
    —Mañana viene la chica —me dijo, tapándose con la sábana.
    
    —¿La chica? —Me hice el boludo, aunque sabía perfectamente de quién hablaba.
    
    —La novia de Tobías —repitió.
    
    Asentí en silencio. El estómago me dio un vuelco. Me acomodé en la almohada y, tratando de mantener la compostura, le dije:
    
    —¿Qué te parece si mejor cenamos afuera?
    
    La verdad es que no me sentía listo para tener a esa chica bajo mi techo, así que se me ocurrió que lo mejor era salir. Estela me miró, sorprendida.
    
    —¿A un lugar elegante? No sé si es para tanto.
    
    —No —dije, enseguida—. A un lugar simple, pero lindo. No quiero que se sienta presionada. A lo mejor se pone nerviosa.
    
    —Puede ser —dijo ella—. Igual la chica parece muy suelta. No creo que se intimide tan fácil.
    
    No respondí. Me di vuelta en la cama, dándole la espalda. Cerré los ojos, pero no dormí. Me pasé horas imaginando ese momento. La entrada al restaurante. El saludo. El primer cruce de miradas.
    
    Michelle, la esquiva mujercita que me había ...
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