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Hermanastros 5
Fecha: 05/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Alex, Fuente: TodoRelatos
... tengo los ojos cerrados; Concentrada únicamente en los receptores de mi boca y mis manos que recorren su espalda. La excitación que recorre mi cuerpo es extrema. Me estoy liando delante de mis amigas con mi hermanastro sin que ellas tengan la menor idea. Paramos de besarnos para tomar algo de aire y percibo la mirada de Nerea, entre asombrada y divertida. Algunas de las otras cuchichean entre ellas sin dejar de mirarnos. Los amigos de Adrián corean como gorilas en celo, dando saltos, algunos agarrados entre sí como hinchas de fútbol. Mi hermanastro me lame el cuello, consciente de que somos el espectáculo de nuestro entorno, y acaba mordiéndome el labio antes de separarse un poco de mí. Me observa divertido, y no puedo evitar sonrojarme ligeramente, lo que aumenta aún más si cabe la temperatura de mi cuerpo. En ese momento, se separa aún más de mi y, enganchando la cremallera delantera, me abre ligeramente el vestido, haciendo que se abra ligeramente mi escote sin enseñar demasiado. Me guiña un ojo y se da media vuelta para desaparecer entre la multitud. Lo sigo con la mirada y veo que se encamina dirección al baño. Me asaltan las dudas, no sé muy bien qué hacer ahora, pero me siento algo incómoda ahí en medio, así que le digo a mis amigas que voy a salir a fumar a la puerta y desaparezco. Doy un rodeo, asegurándome de que ninguna me sigue y entonces pongo rumbo al baño. Al llegar, Andrés está esperando pacientemente. ―No sabía si vendrías. ―Te has colado un ...
... poco, ¿no crees? Me calza un azote que suena más de la cuenta debido al material sintético del vestido y me arrastra con él al baño de hombres. Como es habitual, no hay nadie, pero el olor es fuerte y el suelo está completamente salpicado de charcos que no quiero analizar. Escuchamos voces, así que Adrián me lleva a empujones hasta uno de los cubículos y nos encierra ahí dentro, poniendo un dedo sobre sus labios en señal de silencio. Apenas pasan unos segundos, parece que nadie ha entrado, así que volvemos a besarnos y, esta vez sin tapujos, sus manos se dirigen a mi culo y masajea mis nalgas con fuerza, levantándome ligeramente el vestido. ―¿Eres así con todas las que te ligas en las discotecas? ―Suelto a bocajarro. ―Solo con las que me ponen así de cerdo ―me contesta llevando una de mis manos a su más que evidente erección―. Venga hermanita, no me digas que no te ha dado morbo comernos la boca delante de tus amigas. Si supieran la verdad, estarían flipando. Estoy algo molesta, pero no he apartado mi mano de su bragueta. Por el contrario, he empezado a masturbarle sobre la tela, apretando y calibrando la dureza de su miembro, el mismo que me tiene loca desde ese mismo día y que se ha convertido en una obsesión que puede poner mi vida del revés. Sin ningún tipo de delicadeza, sus manos bajan la cremallera de mi vestido y saca mis pechos, lanzándose a devorarlos como un animal hambriento, ante lo que solo puedo jadear de excitación mientras mis manos manipulan ...