1. Viendo a su esposa hacer porno


    Fecha: 06/04/2026, Categorías: Infidelidad Autor: EDOWA, Fuente: TodoRelatos

    Era un día cualquiera para la mayoría de la gente, pero no para el matrimonio Martínez. El calor del mediodía se filtraba por las cortinas del comedor, cargando el ambiente de una tensión sofocante.
    
    Raúl Martínez, de 35 años, cabello negro y complexión delgada, se acomodaba nervioso en la silla. Sus manos sudaban, su mirada iba de un lado a otro, incapaz de contener la ansiedad.
    
    —Ya casi es hora… —dijo en voz baja, como si lo que estaba a punto de suceder necesitara ser confesado y no anunciado—. Te lo prometo, después de esto haré todo lo que pueda para que no vuelva a repetirse. Gracias, amor… gracias por hacerlo por mí.
    
    Keyla lo miró con una media sonrisa temblorosa. Trató de sonar segura, pero en sus ojos se notaba el mismo cosquilleo de nervios.
    
    —No te preocupes, cariño… no es muy diferente a cuando posaba de modelo en lencería. Tú sabes…
    
    Keyla era una de las razones de los nervios de Raúl, y también la fuente de todo su deseo. Su rostro hermoso parecía tallado a mano: labios gruesos y carnosos, ojos intensos, una melena oscura que caía sobre sus hombros con descuido calculado. El vestido largo, de tela ligera y estampado de flores azules, se pegaba a su piel por el calor, dibujando con descaro la curva perfecta de sus nalgas. El escote dejaba escapar la presión de unos senos enormes, de copa J, firmes, pesados, irresistibles.
    
    Raúl tragó saliva. No había vestido que pudiera ocultar semejante manjar. El escote generoso parecía un reto, una ...
    ... invitación a hundir el rostro entre ellos, a perderse en su suavidad.
    
    Pero lo que más lo perturbaba era la parte inferior: ese trasero redondo, amplio y firme que parecía imposible para su cintura tan estrecha. Cada movimiento que hacía Keyla al cruzar las piernas o ajustar su postura lo hacía balancearse apenas, como si estuviera provocando sin proponérselo. La tela ligera del vestido dejaba adivinar la forma perfecta, y la palidez de su piel prometía un espectáculo aún mayor cuando el vestido terminara en el suelo.
    
    Ambos esperaban invitados, aunque llamarlos así era un eufemismo. El matrimonio Martínez estaba hundido en deudas hasta el cuello. Las llamadas de los bancos, las amenazas de embargo y los números en rojo eran una soga que cada día se apretaba más alrededor de sus cuellos.
    
    Raúl lo sabía: la culpa era suya. Su debilidad por las apuestas lo había llevado a perder todo lo que tenían, y con cada derrota arrastraba también a Keyla. El orgullo le dolía, pero más le dolía verla a ella preocupada, contando monedas, resignándose a una vida que no merecía. La salvación llegaría gracias a ella.
    
    Keyla había sido modelo de lencería en sus años gloriosos. Sus grandes nalgas aparecieron en revistas que aún hoy se vendían en colecciones privadas, sus fotografías decoraban habitaciones de hombres que se masturbaban pensando en ella, aunque jamás la conocieron en persona. Pero cuando decidió casarse con Raúl, dejó todo aquello atrás: los flashes, los aplausos, las sesiones ...
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