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Viendo a su esposa hacer porno
Fecha: 06/04/2026, Categorías: Infidelidad Autor: EDOWA, Fuente: TodoRelatos
... interminables en ropa íntima. Se entregó a una vida tranquila, lejos de las miradas. Pero la industria es cruel con las mujeres. A sus 38 años, intentó volver, intentó abrir las puertas del modelaje, y lo único que encontró fue el silencio. Ya no la querían en pasarelas, ya no había catálogos esperándola. La última opción había sido siempre la más oscura. Una cinta pornográfica. Durante años, productores la habían buscado. Le ofrecían fortunas por mostrar más de lo que las cámaras de lencería permitían. Querían verla abierta, desnuda, gemiendo para el lente. Ella siempre había dicho que no, convencida de que había límites que jamás cruzaría. Pero ahora… ahora ese límite se desdibujaba. El comedor estaba impregnado de un silencio denso. Keyla jugueteaba con los dedos sobre la mesa, Raúl trataba de ocultar la ansiedad. Ambos sabían que la decisión estaba tomada. En pocas horas, Keyla estaría frente a las cámaras, no como modelo, sino como actriz porno. Ella lo pensaba en silencio: ¿cómo sería sentirse observada por miles de ojos anónimos? ¿Cómo sería saber que su cuerpo, ese cuerpo que había sido solo para Raúl durante tantos años, iba a ser compartido, devorado, reproducido una y otra vez en pantallas desconocidas? Una parte de ella sentía miedo… pero otra parte, escondida y prohibida, sentía un cosquilleo excitante. Raúl la miraba de reojo. Su esposa estaba más hermosa que nunca. El vestido de flores se pegaba a sus curvas, sus tetas enormes parecían querer ...
... escapar del escote, y aquel culo perfecto tensaba la tela con cada movimiento de sus caderas. El sudor en su cuello brillaba bajo la luz, y en su mirada había algo distinto: nervios, sí, pero también un fuego que él reconocía. —No tienes que hacerlo si no quieres —dijo Raúl al fin, con voz quebrada. No sabía si era verdad o si simplemente quería convencerse a sí mismo. Keyla lo miró, esbozó una sonrisa suave y peligrosa. —Ya es tarde para echarse atrás, cariño. Además… —se inclinó hacia él, dejando que sus pechos casi rozaran la mesa— …tú sabes que hare lo que sea siempre y cuando tu estes ahí para verme y después consolarme cuando termine. La confesión lo dejó helado. Raúl sintió que su miembro se endurecía de golpe, al imaginarla no solo aceptando, sino disfrutando lo que estaba a punto de hacer. Celos, deseo y vergüenza se mezclaban en su pecho. El reloj seguía marcando los segundos, cada uno más pesado que el anterior. Los invitados, si es que podían llamarse así, estaban a punto de llegar. Pasaron apenas siete minutos, pero para Raúl y Keyla fue una eternidad. El silencio de la casa estaba cargado de ansiedad, de respiraciones contenidas, hasta que el timbre sonó, seguido de tres golpes firmes en la puerta principal. Raúl y Keyla intercambiaron una mirada. Ella tragó saliva, él apretó la mandíbula. No había vuelta atrás. Se dirigieron a la sala de estar. El camino hacia la puerta fue como una procesión: cada paso resonaba con el eco de lo prohibido. ...