1. Viendo a su esposa hacer porno


    Fecha: 06/04/2026, Categorías: Infidelidad Autor: EDOWA, Fuente: TodoRelatos

    ... Raúl extendió la mano, dudó un segundo, y finalmente abrió.
    
    La puerta se abrió como una sentencia. Tres hombres cruzaron el umbral, acompañados de un camarógrafo que cargaba un maletín repleto de lentes y equipo de iluminación. El aire de la casa cambió de inmediato. Ya no era un hogar, sino un escenario dispuesto para registrar el pecado.
    
    No eran “invitados”. Eran actores porno, contratados para compartir escena con Keyla.
    
    El primero fue Mike: alto, moreno, el cuerpo trabajado en gimnasio, los músculos tensos hasta en el cuello. Caminaba como un depredador, con los ojos clavados en ella desde el primer instante. Keyla sintió cómo ese escrutinio la desnudaba sin permiso.
    
    El segundo era Jorge, piel clara, brazos tatuados, sonrisa torcida. Era el que más disfrutaba del ambiente, como si todo aquello fuera un juego en el que él tenía ventaja. Cada vez que su mirada se cruzaba con la de Raúl, una chispa burlona le iluminaba los ojos.
    
    El tercero, Mario, imponía sin necesidad de gestos. Era mayor, barba canosa, ojos fríos. Un veterano en el oficio. Sus pasos eran tranquilos, medidos, pero con una seguridad que hacía que incluso el silencio pesara más cuando estaba cerca.
    
    Cada uno traía un aire de dominio, de hombres que conocían su papel y sabían perfectamente el efecto que causarían en la mujer que los esperaba.
    
    Keyla permanecía de pie, unos pasos detrás de Raúl. El vestido de flores se le pegaba al cuerpo con descaro, resaltando sus tetas enormes y su culo ...
    ... voluptuoso. Sus mejillas ardían, no sabía si de vergüenza, miedo… o de otra cosa que no quería confesar en voz alta.
    
    Cuando los tres posaron sus miradas sobre ella, Keyla sintió que el suelo se hundía bajo sus pies. No había compasión en esos ojos: solo hambre. Se la devoraban como lobos al descubrir a la presa. Y, en el fondo, esa mirada la excitaba.
    
    —Así que esta es su mujer —dijo Mike, sin apartar la vista de sus senos.
    
    —Vaya joya, señor —añadió Jorge con tono lascivo—. Con esas tetas y ese culo, la cámara va a reventar.
    
    Mario no habló. Solo sostuvo la mirada de Keyla, inmóvil, como si con eso ya la tuviera sometida.
    
    Raúl sintió un nudo en la garganta. Los celos lo atravesaban como cuchillos, pero al mismo tiempo, la dureza creciente bajo su pantalón lo delataba.
    
    El camarógrafo comenzó a montar los equipos, desplegando trípodes y focos. La sala de estar se transformó en un set improvisado. La luz blanca y artificial bañó el espacio, arrancándole al lugar toda intimidad doméstica. Ahora era un escenario, y Keyla, la protagonista.
    
    Ella respiró hondo. Sabía que debía hacerlo. Sus ojos se encontraron con los de Raúl, buscando un último gesto de aprobación, de complicidad. Él solo asintió, incapaz de hablar.
    
    —Relájate, preciosa —dijo Mike, acercándose y tomándola suavemente de la barbilla, obligándola a levantar el rostro—. Hoy vas a brillar como nunca lo imaginaste.
    
    La voz grave del hombre le recorrió la piel como una descarga. El corazón de Keyla ...
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