1. No merezco llamarme hombre, ahora soy Gina Genoveva


    Fecha: 08/04/2026, Categorías: Transexuales Autor: GenovevaSexy, Fuente: CuentoRelatos

    -¡Entérate de una vez, eres poco hombre!
    
    Me dijo ella gritando, convirtiéndose en ese momento en mi exesposa, dando fin a 10 años de matrimonio, a la vez que agregaba:
    
    -¡Por tu culpa me convertí en lesbiana! ¡Y me siento liberada de ti! Tu miseria de verga nunca me excitó, por eso cuando me acosté por primera vez con una mujer sentí mucho más placer que lo que alguna vez me hiciste sentir. Es más, cada vez que me acosté contigo sentí más que eras una mujer y que tu micro miembro era un clítoris sobando mi concha.
    
    Abrió violentamente la puerta y salió con sus dos maletas. Le dio un beso apasionado y jugoso en la boca a la hermosa mujer que la esperaba fuera en un auto y me miró de vuelta antes de subir e irse:
    
    -Bien puedes hacer lo que quieras con todo lo que dejo en esta casa, nunca voy a volver, me voy del país.
    
    Subió al auto y se fueron. Fue la última vez que la vi.
    
    Me quedé sorprendido y en silencio. No sabía qué hacer. Llamé a unos amigos de universidad para encontrar desahogo y en una hora cuatro de ellos en mi casa dándome apoyo pues nos habíamos hecho muy cercanos mientras estudiábamos. Eran tres mujeres y un hombre. Pero, además, una quinta persona acompañaba a aquellos cuatro compañeros.
    
    -Danilo estaba con nosotros cuando nos llamaste -dijo Ana, -Espero no te moleste que haya venido-. Hice un gesto de indiferencia con los hombros y los dejé pasar a la casa.
    
    Danilo era apuesto de rostro, no fornido, pero sí de cuerpo esculpido y músculo macizo ...
    ... por el ejercicio. Tenía un atractivo natural con las mujeres. Sin embargo, no empatizamos mucho pues me era incómodo que me vieran con él, a sabiendas de que era muy amanerado, con expresiones típicas de un afeminado a quien poco le importan las apariencias. Siempre lo discriminé por ello. Aunque claro, mi mundo estaba por cambiar.
    
    Luego de unas horas, en las que inventé las razones por las cuales mi esposa me había abandonado, mis amigos decidieron irse. Me quedé solo de nuevo. Media hora después tocaron a la puerta. Era Danilo, quien se disculpó por regresar pues había dejado sus llaves al salir. Notó mi tristeza y me dijo:
    
    -Se que siempre será difícil y creo que necesitas un abrazo para liberarte-.
    
    Me atrajo hacia él y me dio un abrazo. En efecto, lo necesitaba. Me apretó más, mientras me sobaba la espalda y la cabeza de forma muy gratificante y consoladora. Pasamos un rato así.
    
    -Gracias -le dije. Y me sentí comprometido -¿Quieres un café? -Accedió y fuimos a la cocina. Mientras yo preparaba la cafetera. Me dijo: -Creo que hay más en esta historia ¿por qué realmente ella te dejó?
    
    No pude evadir la pregunta. Me resultaba incómodo contarle la razón, sobre todo porque atentaba contra mi hombría, mi orgullo de hombre.
    
    Yo recostaba la espalda contra un gabinete. Él se acercó a menos de medio metro de mí, de forma que podía sentir su aliento. Me acarició la cabeza y me peinó con su mano. Me sorprendió que no puse resistencia a que lo hiciera.
    
    -Puedes confiar ...
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