1. Orgasmos de perra - 2


    Fecha: 08/04/2026, Categorías: Zoofilia Autor: Azucena, Fuente: TodoRelatos

    Terminaba el verano y yo aprontaba mi mudanza a otra ciudad para comenzar la universidad. Iba a dejar, por primera vez, la casa paterna y en ella a Zoko, el perro de la familia, mi querido mastín inglés color café que había despertado mi desenfreno por el sexo animal, acompañando mi desarrollo sexual adolescente, período de mi vida que describo en la serie de relatos “Volviéndome Hembra” 1 a 4.
    
    Hacía ya más de tres años que copulaba con Zoko, pero tenía pendiente con él algo que no había conseguido concretar aún: el apareamiento anal. Es cierto que ya lo había experimentado un par de veces con uno de los chicos con los que había tenido escarceos adolescentes. El sexo anal nunca fue mi preferido, aunque con el preámbulo suficiente, en el contexto adecuado y con la excitación necesaria, me resulta morbosamente atractivo. Pero esto era distinto. Con el chico lo acepté; con Zoko lo estaba deseando. No quería separarme de él sin ser suya también por allí. Si bien había propiciado la cópula anal con él en ocasiones anteriores, nunca había sido con la suficiente determinación como para que Zoko no terminara penetrando finalmente por mi vulva, siempre mucho más laxa, lubricada y dispuesta que el esfínter anal.
    
    El placer sexual no es sólo el orgasmo: es también (al menos en mi caso) el contexto en que se da, la fantasía, los estímulos que se acumulan en el cerebro ya desde la preparación del acto. Mi primer acoplamiento anal con un perro, que aquí relato, generó uno de los ...
    ... orgasmos que recuerdo con más morbo: tanto por mi decisión de entregarme totalmente a mi macho animal, como por las fantasías que incendiaron mi cabeza durante los quince días que precedieron a aquel fin de semana, en que mis padres vacacionarían en la casa de la playa y yo quedaría sola con él.
    
    Para tener éxito, sabía que debía dilatar y lubricar el esfínter anal. A mi edad y en mi situación de ese momento, no tenía la más mínima oportunidad de adquirir discretamente un dilatador anal, y también me daba mucha vergüenza comprar un lubricante íntimo. Tenía entonces en mente utilizar uno de los juguetes de Zoko, de cuando él era cachorro: un vástago de goma de unos 20 cm de largo y 5 de diámetro, con una protuberancia en cada extremo, la clásica forma de hueso de caricatura. En casa lo llamábamos “el hueso de goma”, y yo volvería a darle uso para su entretenimiento, y el mío. Y como lubricante… el aceite que utilizaba mi madre para cocinar.
    
    Ese sábado, mis padres me dejaron en el gimnasio y siguieron su viaje. Realicé la rutina de ejercicios sin lograr apartar mi pensamiento del fin de semana que me esperaba. Regresé rápido a casa, me quité la calza de gimnasia y sin bañarme, para no borrar la reciente transpiración ni enmascarar el olor a hormonas acumulado sobre mi cuerpo durante los últimos dos días en los que, deliberadamente, también evité bañarme, me miré al espejo y suspiré: comenzaba por fin mi fin de semana sucio. Cargué con aceite de cocina la jeringa que mi madre ...
«1234...»