1. Orgasmos de perra - 2


    Fecha: 08/04/2026, Categorías: Zoofilia Autor: Azucena, Fuente: TodoRelatos

    ... solía utilizar en su repostería, y lo inyecté lentamente en mi recto, cargándolo así de lubricante; unté el hueso de goma con el mismo aceite y lo introduje cuidadosamente en mi ano. Una vez que entró la protuberancia, ésta impedía que el hueso se saliera fácilmente. Quedé así con el extremo del hueso dentro, como un tapón, y el resto colgando entre mis piernas como un péndulo.
    
    Me puse un vestido liviano de falda corta pero amplia, sin tanga, y saqué a pasear a Zoko al parque: necesitaba dar tiempo a que mi ano se dilatara. La caminata ya fue un delirio, con el hueso pendulando entre mis piernas y la protuberancia forzando ligeramente el esfínter desde adentro. Para sentarme, utilicé el gesto de plegar la falda para alinear el vástago y me senté sobre él, de manera que se deslizó completamente dentro de mi intestino, dejando fuera solamente la segunda protuberancia. El peso de mi cuerpo no era suficiente para hacer entrar esta segunda protuberancia, pero en cambio hacía presión sobre el esfínter desde afuera, forzando una ligera dilatación adicional. Este juego me resultó extremadamente excitante, por lo que caminé y me senté repetidamente en varios de los bancos del parque, mientras Zoko correteaba y yo fantaseaba con lo que estaría por venir.
    
    Este vapuleo anal aceleró mi deseo de acoplamiento, por lo que el paseo fue más breve de lo inicialmente previsto. Al volver a casa, me encerré en mi habitación, me desnudé y me vestí únicamente con las sandalias blancas de taco ...
    ... aguja que me regalaron cuando cumplí 15. Me paré frente al espejo y me gusté: mi vulva estaba empapada y el hueso de goma colgaba entre mis piernas como el badajo de una campana, pero el ano ya estaba dilatado. Las separé apenas, pujé levemente y el hueso cayó expulsado, junto con un chorro de aceite. Estaba ardiendo, estaba lista.
    
    Zoko sabía que la ausencia de mis padres significaba procreación, por lo que había comenzado a gemir y arañaba la puerta de mi habitación desde que entré a ella. Cuando abrí la puerta, se me abalanzó, me tumbó y comenzó a corcovear desesperadamente, aferrándose a todas las partes de mi cuerpo que fue capaz de apresar. Él también estaba alzado.
    
    Logré moverme enredada en él hasta quedar frente al espejo y ponerme en cuatro, siempre bajo el constante acoso de Zoko. Me montó inmediatamente, penetrándome por la vagina, como estaba acostumbrado.
    
    -No, mi amor, por ahí no, hoy te quiero por atrás-
    
    recuerdo que dije, entre los jadeos y quejidos que surgían de mi excitación y de soportar su peso y su vaivén. Bajé las piernas para zafar de la penetración vaginal, quedando completamente acostada boca abajo. Me pareció que él ya había comenzado a eyacular, porque sendos chorros empaparon mi espalda y escurrían ya por ambos lados de mi cintura. Subí nuevamente la cadera pasando ahora mi brazo por debajo, para guiarlo. Mi antebrazo quedó impregnado de las viscosidades que empapaban mi vulva. Cuando noté el picoteo sobre mi esfínter anal, empujé hacia ...
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