1. Orgasmos de perra - 2


    Fecha: 08/04/2026, Categorías: Zoofilia Autor: Azucena, Fuente: TodoRelatos

    ... claramente como mi macho vaciaba sus bolas en mis intestinos, inundándolos con su leche… Mi útero vibró en un espasmo repentino y exploté en un orgasmo muy intenso, que pareció interminable. Quedé como flotando en un mar de estertores aleatorios, con los ojos cerrados, sintiendo únicamente el pulsante miembro de mi macho vaciándose dentro mío, y continué surfeando las sucesivas olas de orgasmos que se sucedieron por largo rato hasta que me quedé dormida.
    
    Cuando desperté, ya era noche cerrada. Él dormía y todavía tenía su miembro dentro de mí, aunque su bulbo se había desinflamado… no así mi esfínter, que reclamaba desesperadamente una tregua. Despertó cuando mi movimiento nos desanudó. Supongo que fue mi actitud y el olor que exhalaba mi cuerpo lo que lo alzaron inmediatamente. Aún semidormida y con los ojos cerrados, levanté la cadera hasta quedar apoyada en las rodillas, separé las piernas y me ofrecí abierta a que me tomara por donde él quisiera. Me daba lo mismo en qué agujero, él quería poseerme otra vez y yo quería ser otra vez penetrada. Afirmó sus patas en mi cintura y ensartó su ariete nuevamente en mi culo, ahora sin necesidad de guía. No podía verlo, pero seguramente mi esfínter anal estaba más dilatado que el vaginal. Esta vez no fue necesario presionar con mi mano, el bulbo entró y salió varias veces mientras mis intestinos se cargaban una vez más con su leche, hasta que cesó su corcoveo; no quedamos anudados, se bajó enseguida y se echó nuevamente a mi lado, ...
    ... con su miembro aun vomitando lava como si fuera una manguera, empapando mi espalda, mis piernas y toda la colcha. Con los ojos aun cerrados lo abracé, y seguimos durmiendo.
    
    Desperté muy avanzada la mañana del domingo en la misma posición. Me dolía todo el cuerpo y estaba completamente embarrada; mi entrepierna era un caos pringoso y pestilente y mi pelo, un amasijo enredado y pegajoso. La colcha, inicialmente de un blanco nieve, era ahora un maculado revoltijo verdoso-amarillento, con restos de secreciones, mucosidades y humores diversos. La habitación estaba sumida en un vaho espeso con un penetrante y excitante olor a sexo sucio. Vi a mi macho durmiendo a mi lado, y en ese momento me sentí animal, hembra dispuesta a hacer y dejarme hacer cualquier cosa por él. No quise levantarme para no estropear la escena, me oriné encima y sonreí. Con la cara apoyada en la colcha, levanté la cadera, lo desperté pinchándolo con el tacón de mi sandalia y de inmediato se incorporó y me poseyó. Su ariete perforó sin dificultad el dilatado y lubricado esfínter anal pero esta vez, al terminar su vaivén, el bulbo quedó atrapado en mi culo, sellando la salida mientras eyaculaba, una vez más, dentro mío. Quedó momentáneamente quieto, parado, y yo comencé a temblar entre sus patas, sintiendo cómo se gestaba otro orgasmo. Detonó al darse vuelta revolviendo mis vísceras y batiendo la leche acumulada. Otra vez, culo con culo en un anudamiento eterno, el bulbo palpitando pesadamente sobre mi punto ...