1. Maldito (IV)


    Fecha: 10/04/2026, Categorías: Gays Autor: marcusgzlez, Fuente: TodoRelatos

    Este relato contiene escenas de sexo duro, control mental, no consentido y violencia. Si no es lo que esperas en un relato te aconsejo que no sigas leyendo. Gracias y perdón por las molestias.
    
    Capítulo 4
    
    Pues ha pasado ya casi un año desde que empezó esta puta tortura. Y sí, claro que la cosa ha cambiado, pero a peor. Aquí estoy en casa haciendo limpieza mientras Martín se ducha y pensando en todo lo ocurrido estos meses atrás. Y es que es impensable. Ya no la parte de la magia, que es imposible de por sí, sino como ha cambiado Martín, mi amo. Y digo amo porque sí, lo es, ya lo he asumido. No es mi amigo, ni siquiera mi ex amigo. Es mi amo y punto. Todo porque mi cuerpo ya no me pertenece, no obedece ni una orden mía, solo las de otros hombres y principalmente las de Martín.
    
    Martín prometió que solo quería enseñarme a respetar a los homosexuales, y así empezó, castigándome, humillándome y forzándome a estar con él. Pero como a todos, el poder le corrompió. Vio que no tenía límites y poco a poco fue probando más y más humillaciones y todo el rencor que me tenía explotó.
    
    Recuerdo la primera vez que hizo un pedido a domicilio y me obligó a ponerme unos calzoncillos viejos suyos, claramente llenos de lefa y, no contento con eso, me ordenó empalmarme antes de abrir. Al ser él una talla menor a la mía mi erección era muy evidente, acentuando además las manchas de lefa por el color oscuro de los mismos. Yo me moría de la vergüenza mientras el repartidor, con cara de ...
    ... asombro, me entregaba el pedido. Eso puso tan cachondo a Marín que me obligó a hacerle una mamada antes de comer y se corrió en mi comida. Nueva humillación y nueva rutina, porque desde entonces cada vez que pide algo de comer se la acabo chupando hasta que se corre en mi comida. “Así ganas proteínas jeje” decía el muy cabrón.
    
    Otra cuestión que empezó a interesarle al poco tiempo de empezar la pesadilla fue el tema de los pies. Algo que aún a día de hoy me asquea pero me es imposible evitar, por supuesto. Soy un puto adorador de sus pies. Cuando llega a casa tengo que besar sus zapatos, cuando se los quita me obliga a olerlos (y apestan), me mete los pies en la boca, me hace lamerlos, masajearlos, me amordaza con sus calcetines sudados. Y encima me dio la orden de que eso me excite, por lo que me enciendo muchísimo con eso y eso hunde mi orgullo masculino.
    
    En el gimnasio la cosa no fue buena tampoco. Martín me ordenó que me excitase el olor a hombre. Os podéis imaginar que en un gimnasio de barrio donde la limpieza no es algo que destaque el olor masculino se concentra sobre todo en los vestuarios. Y eso a mi cuerpo le excitaba ahora, por lo que me pasaba el entrenamiento durísimo. Pero no solo eso. En el gimnasio comprobé que no tenía escapatoria cuando un día Martín me preparó unas pesas muy por encima del nivel al que yo estaba acostumbrado. “Haz el ejercicio con esto”. Era imposible, nunca había levantado tanto peso. Mi cuerpo, temblando, se acercó. Y para mí sorpresa, ...
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