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Maldito (IV)
Fecha: 10/04/2026, Categorías: Gays Autor: marcusgzlez, Fuente: TodoRelatos
... todo el mundo me aceptó. A mis padres les costó un poco más, sobre todo por lo sorprendente de que el más macho de sus hijos fuese homosexual de repente, era extraño, pero no tuvieron mucho problema. Mis dos hermanos y sobre todo mi hermana estaban muy felices por mí porque me hubiese liberado. “Además tú y Martín siempre habéis hecho buena pareja” dijo mi hermana. El resto de mis amistades, en el trabajo. Todos lo vieron normal, sin problema y me aceptaron como si fuese lo más normal del mundo. Y joder, soy un puto homófobo y siempre lo he sido. Me cuesta entender la relación entre hombres, me da asco. Pero no solo me jodía que en mi entorno la gente lo aceptase, sino que era todo una farsa, y me era imposible demostrarlo, contarlo, ni insinuarlo. Solo me quedó vivir mi nueva vida que se basaba en fingir tener novio en mi vida pública y ser un puto esclavo al que se follaban cada día dos o tres veces en mi vida privada. Porque ya no era nada ni nadie, solo eso. Todo eso, además, quedaba de cara a la galería. En casa era aún peor. Yo era un puto perro, una mascota para él. Y bastante literalmente desde hace dos meses. Un día estaba de bastante mal humor por algo del trabajo y me estaba follando con mucha intensidad. Con las órdenes que ha implantado en mí no pude evitar correrme de manera muy bestia y, como soy muy lechero, llegué a manchar su ropa que había dejado por ahí tirada. Eso le enfadó más y dio las últimas órdenes que arruinaron mi vida. —Joder como lo has ...
... puesto todo perdido inútil—dijo con total asco en su voz—Pídeme perdón y límpialo todo, con la lengua. —Lo siento, amo, de verdad—no pude evitar decirlo y, acto seguido, limpiar con mi lengua todos los rastros de mi propia leche. —Vaya perro más inútil. Ya sé, desde ahora no podrás correrte nunca más y bajo ningún concepto tendrás un orgasmo, a ver si te revientan los huevos, ¿entendido perro? Una ola de calor inundó mi pecho y supe que acababa de tener el último orgasmo de mi vida. —Sí, amo, entendido. —Así me gusta perro. Y hablando de perros, mira lo que te he comprado—dijo sacando una cosa de su mochila que me heló la sangre—Ven que te lo ponga. Y sin poder evitarlo, Martín colocó alrededor de mi cuello un collar de perro. Ya era oficialmente una mascota. —Mira qué bien te queda eh, ¿te gusta? —No, amo, no me gusta. PLAF. Y para variar me llevé una hostia. Y aquel día lo pagué además muy caro con lo que vino a continuación. —Desagradecido. Iba a quedarme solo en el collar, pero tú lo has querido. El collar lo llevarás siempre que estés dentro de esta casa, incluso cuando abras para recoger algún pedido. Pero además los perros van a cuatro patas, así que por la casa te moverás así siempre, a cuatro patas como un puto perro, que es lo que eres. Solo podrás ponerte de pie para abrir la puerta y para aquellas tareas de la casa en las que te sea indispensable hacerlo, como limpiar o cocinar. Comerás en el suelo y sin usar las manos y dormirás ...