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Clara y el fotógrafo
Fecha: 16/04/2026, Categorías: Infidelidad Autor: ilustrado, Fuente: TodoRelatos
... desvaneció y la cámara dejó de disparar, Clara sintió cómo el aire de la habitación se volvía pesado. Aún tenía la piel húmeda, el sabor amargo en la boca y la respiración entrecortada, pero dentro de sí solo quedaba un vacío helado. Se vistió con manos temblorosas, evitando mirarse en el espejo: no quería reconocer a la mujer que acababa de dejarse usar de una manera que siempre juró detestar. En su cabeza retumbaban las excusas —el arte, la curiosidad, la necesidad de sentirse viva—, pero ya no le servían. Lo que había hecho no podía deshacerse. Pensó en Julián, en la rutina tranquila de su matrimonio, y la culpa le mordió con una ferocidad insoportable. Había cruzado una línea que nunca pensó traspasar, y aunque el cuerpo aún ardía por la intensidad de lo vivido, el alma se le encogía con un remordimiento que amenazaba con ahogarla. Mientras tanto, Julián, sentado en la penumbra de su despacho, no lograba concentrarse en el trabajo. Miró el reloj. Clara debía haber vuelto hacía una hora. La ansiedad le hacía sentir cada minuto como una grieta que se abría bajo sus pies. Se preguntó si, en ese mismo instante, Daniel estaría fotografiándola… o tocándola. Y lo más inquietante era que no sabía cuál de las dos imágenes le perturbaba más. Clara volvió una hora más tarde. Traía en la mano una bolsa con algunos productos del super y la excusa de que se había entretenido “mirando escaparates”. Dijo que estaba cansada y que se iba a acostar. Julián asintió sin hacer ...
... preguntas, aunque el estado de su pelo y un botón desabrochado de su vestido revelaban que algo había pasado. Esa noche, cuando Clara se acostó, Julián se quedó en el salón con el portátil encendido. A las once y veintitrés, llegó un correo de Daniel. Julián abrió el mensaje y la respiración se le cortó. En la pantalla apareció Clara, desnuda, con la cara manchada de semen y una sonrisa entre tímida y desbordada que jamás había dirigido hacia él. Sintió un golpe en el pecho, sí, pero no fue rabia: fue un calor oscuro que le recorrió el cuerpo. Verla sometida, entregada a otro, despertaba una mezcla brutal de celos y deseo. Era como descubrir un secreto obsceno, prohibido, que lo hería y lo excitaba al mismo tiempo. En esa foto, Clara no era suya, y sin embargo nunca le había parecido tan irresistible. Aquella noche perdió la cuenta de las veces que se masturbó con esa imagen de su mujer. De madrugada, Clara se abrazó a sí misma en la penumbra, con la amarga certeza de que había cruzado un límite del que no había regreso. El remordimiento la desgarraba, la tentación de confesarlo todo a Julián se enfrentaba al pánico de destruir su matrimonio, y en su interior repetía una y otra vez la promesa de que no volvería a suceder. Mientras tanto, Julián recordaba la foto como si fuera un castigo autoimpuesto, culpándose por haber deseado lo que al mismo tiempo lo corroía de celos. Sentía que él mismo había abierto la puerta a la degradación de su esposa, y sin embargo, la imagen lo ...