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Debo embarazar a mamá 15
Fecha: 17/04/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
Debo embarazar a mamá Capítulo 15 Era una ocasión especial: el cumpleaños cuarenta y dos de mamá. Y ya se escuchaban los murmullos de abajo. Acababa de salir de la ducha y me estaba cambiando. Me mandé un chupín negro, esos que te hacen piernas de futbolista, con unos zapatos cancheros que ni me acordaba desde cuándo los tenía, pero me quedaban perfectos, y una camisa blanca, manga corta, bien metida adentro del pantalón. Me tiré un poco de perfume y me miré al espejo. Parecía un muñequito de torta, pero me gustaba cómo me veía. Justo en ese momento sonó la puerta. —¡Qué! —grité. La puerta se abrió y ahí estaba Cecilia. Se quedó en el umbral, mirándome fijo. Tenía puesto un vestidito corto, floreado, con una cintita que le marcaba la cintura y las caderas de una manera que me hizo tragar saliva. El pelo rubio recogido, los ojitos claros clavados en mí, con esa mezcla de ternura y calentura que se le venía haciendo costumbre. Se me quedó mirando un rato, como si estuviera viendo una película de la que no se podía despegar. —¿Qué te pasa? —le dije, solo para molestarla. —Nada… Estás muy lindo —me dijo, con esa vocecita que me derretía. —Gracias, vos también. Ella dio un paso, cerró la puerta atrás suyo sin dejar de mirarme, y se me vino encima. Me abrazó suave, poniéndose un poquito en puntitas de pie. Yo le rodeé la cintura, la pegué contra mí. Incliné la cabeza y la besé. Ya no había culpa. Era mi hija, sí. Pero eso ya no me afectaba más ...
... allá del hecho mismo que me daba morbo. Era como un crimen sin víctimas. A esa conclusión llegué después de sentirme mal durante unos días. Desde esa madrugada que se había metido en mi cuarto, no habíamos parado de vernos, de besarnos, y de coger, obvio. Sin promesas, sin títulos, pero con una intensidad que no daba respiro. Nos buscábamos todo el tiempo. Nos rozábamos en la cocina, en el pasillo, en el patio… y cuando se daba, nos entregábamos. La verdad es que ella era bastante más lujuriosa que yo. Ni siquiera tenía que buscarla, porque ella me buscaba a mí, y casi siempre terminábamos cogiendo. En esas semanas lo habíamos hecho casi todos los días. Y entre polvo y polvo la culpa se fue esfumando. —Estás demasiado prolijito —me dijo, todavía abrazada a mí—. No acostumbrás a estar así, me gusta, pero... no sé. Es como que te falta algo para que seas vos. —¿Algo como qué? —le pregunté. —Creo que te falta algo para descontracturarte un poco. Entonces llevó una de sus delicadas manos a mi verga. —¿Qué hacés? —le dije, mirando para la puerta. —¿No ves? Te estoy acariciando la pija —me dijo con una sonrisita sexi. Mi verga ya estaba hinchada, y si me seguía tocando así… —Bueno, pero ya tenemos que bajar —le dije, pero no podía apartarme de ella. Cuando Ceci se disponía a calentarme, no había nada que pudiera hacer. —¿Qué? ¿No te gusta? —me dijo al oído, mientras su mano se seguía moviendo, estimulando mi pija. —Obvio que me gusta, pero ahora es ...