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Debo embarazar a mamá 15
Fecha: 17/04/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
... muy arriesga… No me dejó terminar. Se arrodilló. Me miró desde abajo. Esos ojos azules, esa boquita dulce. Bajó el cierre de mi pantalón como si estuviera desenvolviendo un regalo de cumpleaños. Tiró del elástico de mi bóxer, y liberó mi verga. —Estás loca —le dije, mirando de nuevo a la puerta. —Bueno, si querés… bajamos ahora, y listo. Era improbable que mamá subiera y abriera la puerta, aunque no era imposible. Pero, de todas formas, teniendo a esa pequeña rubiecita a mis pies, con esa cara de querer devorarme la pija, era demasiado tentador. —No. Ya me pusiste así. Ahora no me vas a dejar con la gana —dije, poniendo la mano en su cabeza. —Mejor no me toques el pelo —dijo—. Me vas a despeinar. Entonces simplemente se inclinó y se metió la pija en la boca. Se prendió del glande, sin piedad. El placer era muy intenso. Llevé la mano a su mejilla y la acaricié ahí, y en el cuello, mientras ella subía y bajaba la cabeza una y otra vez, en un movimiento corto, pues seguía concentrada en la parte superior de la verga. Era una delicia verla ahí. Los labios húmedos, envolviendo mi miembro. En todo momento hacía contacto visual conmigo, y eso me calentaba todavía más. Eso, y el hecho de saber todos los vínculos filiales que teníamos. Era un afrodisíaco. No podía evitar verlo de esa manera. Ceci, la chica que creció conmigo era en realidad mi hija, y estaba chupándome la pija desplegando su habilidad. Después de unos minutos ya no pude más. Solté ...
... todo el semen dentro de su boca. —Un poco rápido, ¿no? —dijo ella mientras se ponía de pie, riendo con malicia. —Boluda, si vos lo hiciste así para que acabara rápido —le dije, dándole una nalgada—. Además, no tenemos tiempo. Si querés, a la noche te lo compenso. Te voy a dar una buena culeada. —Ya veremos —dijo, aunque ambos sabíamos que la respuesta era sí. Después de un rato bajamos como si nada. Impecables. Yo no sabía cómo carajos hacíamos para no levantar sospechas, pero por suerte ni mamá ni la tía Tamara parecían haberse dado cuenta de que había algo entre nosotros. Cuando llegamos a la sala de estar, vi a mamá entre una pequeña multitud de invitados. Tenía puesto un vestido ajustado que le marcaba todo, y el pelo recogido, algo que no era muy común en ella, pero le quedaba de diez. Hermosa, como siempre. Su piel lisa, su mirada profunda, y esa forma elegante de pararse. Imposible imaginar que acababa de cumplir 42. No los parecía ni en pedo. Ni de cuerpo ni de cara. Me le acerqué, la abracé fuerte, y le dije feliz cumple al oído, aunque ya se lo había dicho antes. Ella me sostuvo el abrazo un par de segundos más de lo normal, y en ese contacto sentí todo: su calor, su suavidad, esa energía que me dejaba medio tonto. Me daban ganas de quedarme pegado a ella. Todavía no podía reconocerla como una persona diferente a la que yo había conocido en el pasado. Era ella, la chica misteriosa y hermosa que me había cogido tantas veces como lo hice con ...