1. Debo embarazar a mamá 15


    Fecha: 17/04/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos

    ... como un insulto, sino más bien al contrario. Pero a mí me complicaba la vida que fueran así.
    
    La verdad es que con Cecilia ya tenía suficiente. Ella me absorbía bastante más de lo que imaginaba, me sacaba energía sexual como si me la chupara con la mirada. Me dominaba con sus manos, con sus comentarios al oído, con su forma de moverse en la cama.
    
    Y yo tenía que andar con cuidado, no fuera cosa que apareciera otro amante despechado a matarme. Algo me decía que esta vez no reviviría en otra época.
    
    Además, estaba el otro tema: no quería que ni mamá ni Tamara se enteraran de lo nuestro. Ninguna de las dos era mojigata ni puritana, pero sabía que si se enteraban, seguro no les gustaría nada. La cuestión es que no quería líos, porque eso fue lo que me llevó a la muerte en los noventa.
    
    Cada tanto, Ceci me rozaba las piernas. Me miraba de una manera que no suelen mirarse los primos. Yo también aprovechaba cuando nadie nos veía para rozarle las nalgas. La pendeja me estaba calentando.
    
    Por momentos me preguntaba si entre todas las cosas que me provocaba, había surgido en mí un sentimiento paternal hacia ella. Me daba la sensación de que la respuesta era no, aunque no estaba del todo seguro. Supongo que si de verdad tuviera esos sentimientos, no me la estaría cogiendo.
    
    Así que pasé la mayor parte de la noche con ella, pero como suele pasar en este tipo de fiestas, el movimiento de la gente, el ir y venir de saludos, las charlas cruzadas y los brindis hacían que nos ...
    ... dispersáramos sin darnos cuenta. En un momento, Cecilia se perdió entre un grupito de adultos y yo me fui directo a la cocina a buscar algo para tomar. Y ahí fue cuando apareció Tamara. Apenas la vi me di cuenta de que me iba a traer problemas.
    
    Estaba inclinada frente a la heladera, con ese cuerpo que parecía diseñado para el pecado. Su vestido se ajustaba a su orto de manera deliciosa. Sacó una botella de vino, y luego abrió la puerta del frízer para cerrarla de inmediato. Fue entonces cuando me vio.
    
    —Parece que se acabó el hielo... —dijo, con una media sonrisa—. ¿No querés ir a buscar un poco a mi casa, por favor? Hay una bolsa en el freezer.
    
    —Claro —le dije.
    
    Salí de la cocina, y de la casa. Usé la puerta lateral que conectaba a ambas propiedades.
    
    La casa de la tía estaba en silencio. Caminé hacia la cocina buscando el dichoso hielo. Pero unos segundos después, sentí que la puerta se cerraba detrás de mí. Por un instante pensé que Cecilia me había visto salir y me siguió, en busca de otro polvo clandestino. Pero estaba equivocado, como de costumbre.
    
    Era tía Tamara. Su mirada era muy intensa, cargada de lascivia. Comprendí que había caído en su trampa, como un boludo. Pero no podía evitar regodearme en el hecho de que una hembra como ella me haya seguido, y ahora me mirara así: con cara de felina hambrienta. Con ese vestido parecía toda una pantera.
    
    No pude evitar sentir cómo empezaba a calentarme.
    
    —¿Hice algo malo que me estuviste esquivando todos estos ...
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