-
Debo embarazar a mamá 15
Fecha: 17/04/2026, Categorías: Incesto Autor: sangreprohibida, Fuente: TodoRelatos
... Cecilia. No podía dejar de tener fantasías incestuosas con ella, pero sin haber conseguido nada hasta el momento, obvio. —Gracias, bebé —me dijo con voz bajita, al oído, y una sonrisa que me desarmó. El lugar estaba bastante lleno. Mucho más de lo que yo había imaginado. Había de todo: amigas de mamá, algunos vecinos, y otros que venían con Cecilia o con Tamara. Fácil éramos treinta. Además, la casa era solo la mitad de lo que había sido cuando era una pensión, así que se sentía como si fuéramos muchos más. El living y el comedor estaban cargados de bandejitas con fiambres, cositas dulces, vasos por todos lados. No era una cena formal. Era más bien un picoteo entre gente grande que no necesitaba protocolo. Sonaba música bajita, lo justo para poder charlar sin gritar. Y ahí, entre todo ese quilombo lindo, la vi a Tamara. Estaba con un vestido negro, al cuerpo, sin escote, pero con un tajo que dejaba ver una pierna que parecía de revista. El pelo suelto, brilloso. Y los labios pintados de un rojo que le daba un aire provocador. Estaba perfecta. Me forcé a mirar para otro lado, para que Cecilia no me pescara con la vista perdida. Pero la cabeza me traicionaba. No podía dejar de pensar en cómo me había cogido a Tamara unos días antes de que empezara a andar con su hija. Me tentaba mucho esa MILF. Tenía el culo grande y bien firme, y esa cara de puta que me volvía loco. Ya sabía que estaba tan caliente conmigo como yo con ella. Pero también sabía que estar ...
... con las dos al mismo tiempo me iba a traer problemas. La fiesta se sentía como una olla a presión. Cecilia dándome vueltas, Tamara tirando miradas... Toda esa tensión se me metía bajo la piel y me daba vueltas en la panza. Estuve la mayor parte del tiempo con Cecilia, lo cual era lo más lógico. Teníamos la misma edad, compartíamos ciertos códigos, y además estábamos rodeados de amigas de ella que ya me conocían de vista y hasta me saludaban con besito en la mejilla, como si fuera uno más del grupo. Por momentos me daba la sensación de que esas pibas sabían perfectamente que entre mi prima y yo había algo. No sé si era por las miradas que le tiraban cuando se nos notaba medio pegados, o por esas risitas cómplices que largaban cuando se hacían las distraídas y de pronto nos dejaban solos como si todo hubiera sido casualidad. Demasiado evidente para no notarlo. Pero igual no dije nada. Ya hablaría de ese tema con Cecilia más adelante. La que me estaba poniendo un poco nervioso era tía Tamara. Desde que cogimos, no volvimos a pasar un tiempo a solas. Yo había hecho todo lo posible por evitarla. El tema era que era muy tentador estar cerca de ella. Para colmo, sabía que se había calentado con eso que ella creyó un jueguito sexual —yo actuando como el Tadeo que ella había conocido hacía veinte años—. Y sabía que si iba por ese lado no me iba a costar mucho cogérmela de nuevo. La verdad es que salvo mamá, las mujeres de la familia eran bastante putas. Y no uso ese adjetivo ...