1. Mi sobrino me quiere coger a toda costa


    Fecha: 19/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Princesa cruel, Fuente: TodoRelatos

    Relato 4
    
    Mi sobrino me quiere coger a toda costa
    
    Volví al dormitorio acomodándome el camisón como si con eso pudiera borrar lo que había pasado con Enzo. Sentía la tela fría pegándose a mi piel húmeda, como un recordatorio de lo cerca que había estado de dejarme coger por mi sobrino. No fue la culpa la que me detuvo —porque no me siento culpable de lo que deseo—, sino algo más básico: el miedo a gritar como una loca cuando me penetrara con esa cosa que tenia entre las piernas, y que mi novio escuchara todo desde la cama.
    
    Cuando entré, Fabricio se movió. Estaba más dormido que despierto, con esa cara de nene desvelado que siempre me causa una mezcla rara entre ternura y fastidio.
    
    —¿Pasó algo? —murmuró, sin abrir bien los ojos.
    
    Me metí en la cama como si nada.
    
    —Sí —dije.
    
    Podría haber dicho “nada” y listo, pero recordé esa vieja regla que aprendí hace años: la mejor mentira siempre tiene una buena dosis de verdad.
    
    —Enzo vino borracho y se agarró a piñas con unos pibes —agregué.
    
    Eso lo espabiló.
    
    —¿Está bien? —me dijo, incorporándose con un gesto torpe.
    
    —Sí.
    
    —Voy a verlo.
    
    Se levantó, arrastrando los pies, y salió del cuarto. Yo me quedé ahí, con el corazón galopando y la cabeza pensando en el pendejo maleducado de Enzo.
    
    De repente me pregunté si deduciría que no le conté nada a Fabri. Capaz que cuando lo viera entrando a su cuarto pensaría que fue a encararlo por lo que le hizo a su novia. Y a lo mejor eso haría que el propio Enzo le diera ...
    ... indicios de lo que pasó.
    
    Pero no me moví de la cama. Si se iba a pudrir todo, que se pudriera, pensé. Así me sacaría de encima a ese pibe de una buena vez.
    
    Esperé en la oscuridad, como una nena traviesa que escucha si sus padres vuelven. Hacía años que no me sentía tan nerviosa. La Delfina de 22 años, la que se movía como una gata por los bares de Palermo, hubiera resuelto esto con una carcajada y un par de tragos. Pero yo… yo estaba oxidada después de cuatro años de monogamia o, mejor dicho, de “casi monogamia”. Y, sin embargo, acá estaba, atrapada en una cama con su olor tibio y la sensación de estar volviendo a ser quien era antes.
    
    Fabricio volvió al rato. Se metió en la cama sin prender la luz, como si nada.
    
    —¿Ya te dormiste? —me susurró.
    
    —No.
    
    —Hablé con él. Le dije que tiene que calmarse, que no puede ser tan agresivo, menos si sale solo. Por suerte no estaba tan golpeado —dijo—. Menos mal que lo ayudaste a curarlo —agregó, dándome un beso distraído en la frente.
    
    —No me quedaba otra —dije, seca, y después, sin pensarlo—: Quiero que se vaya.
    
    —¿Qué?
    
    —Eso. Que se vaya. Ya está, Fabricio. Hace más de una semana que está acá y ni siquiera intentó buscar trabajo. Y ahora esto… es un problema. Vino a romper la paz de esta casa.
    
    —No exageres —dijo, como si hablara con una nena caprichosa—. No te olvides que se quedó huérfano hace nada. Y todavía es muy chico.
    
    Chico para otras cosas no es, pensé, mordiendo la lengua para no decirlo.
    
    —Igual, no ...
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