-
Mi sobrino me quiere coger a toda costa
Fecha: 19/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Princesa cruel, Fuente: TodoRelatos
... acercaba a mí en una pequeña carrerita. —Lo que me copa de este barrio es que tiene tantos árboles en la vereda —dijo. Después me miró de arriba abajo—. ¡Qué linda estás! —soltó. —¡No digas boludeces! —le contesté, fulminándolo con la mirada. Me molestaba tener que estirar el cuello para mirarlo; esa diferencia de altura era ridícula. Yo con mi metro cincuenta y cinco, él con sus casi dos metros… parecía un animal salvaje caminando a mi lado. —Deberías pedirme perdón, Enzo —solté de repente. Sabía que estaba haciendo mal al decir eso. Solo serviría para que habláramos de lo que pasó a la noche. Supongo que inconscientemente eso era lo que quería. Estaba jugando con fuego, y sabía que me iba a quemar. —¿Perdón? —dijo, sin vueltas—. Si tendrías que haberte quedado. Lo frené en seco con la mirada. —¿Me estás cargando? Tengo novio. Y ya sabés quién es. ¿No te da vergüenza querer cogerte a la mujer de tu tío, habiendo tantas minas? —Yo creo que al tío Fabri no le jode que cojas con otros tipos, eh —respondió, con esa sonrisita sobradora que me sacaba de quicio. —¿Qué decís, nene? Ya estábamos llegando al supermercado, ese chino enorme de la esquina, con carteles rojos y el olor a panadería que siempre me daba hambre. Entramos y bajamos la voz como si de repente tuviéramos secretos que no podían escucharse. —No sé… me da esa impresión —dijo, caminando entre las góndolas—. ¿Viste que hay tipos que se calientan con ver cómo otro se coge a su ...
... mujer? —Fabricio no es de esos —le respondí seca—. Y créeme, conocí a varios así. —¿En serio? —me miró con una sonrisa torcida. —Sí, cuando era más como Sabrina —admití, dándole la espalda mientras buscaba un paquete de fideos. Se rio, una risa corta, como si le hubiera dado la razón sin querer. Giré hacia la góndola de puré de tomates. —Mirá, ya que sos tan alto, alcanzame el de arriba. No llego ni saltando. Él estiró el brazo y agarró la caja con una facilidad que me dio bronca. —Sos enorme —dije, sin pensar, y en el momento me di cuenta de que mi voz sonaba rara, como nerviosa. Tenía el corazón acelerado, como si estuviera haciendo algo indebido por simplemente mirarlo. Seguimos caminando hasta los lácteos. Ahí, mientras mirábamos las góndolas, lo encaré: —De verdad te pregunto. Me parece muy hipócrita que quieras cogerte a la mujer de tu tío, que encima es como un amigo para vos. —Eh… igual no te voy a coger si vos no querés —contestó, encogiéndose de hombros—. Pero tampoco te voy a mentir: es obvio que iba a querer hacerlo —¿Obvio? ¿Por qué es obvio? —Todos los chabones queremos cogernos a todas las minas lindas —dijo con esa naturalidad brutal—. ¿O te pensás que los amigos de Fabricio no te quieren coger? Lo miré, entre molesta y… bueno, excitada. Porque sabía que algo de razón tenía. Pensé en Marcelo, un alumno de Fabricio que siempre me miraba como si quisiera comerme viva cuando venía a casa. Pensé en Lucas, el vecino, que a veces ...