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Mi sobrino me quiere coger a toda costa
Fecha: 19/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Princesa cruel, Fuente: TodoRelatos
... se quedaba a charlar con Fabricio en la vereda sobre el partido del domingo, pero acosándome con esa sonrisa de hambre cuando él no estaba. —Pero ellos no lo intentaron —le dije. —Por cagones —respondió Enzo—. No por honestos. Lo miré de reojo, sintiendo ese calor incómodo subirme por el pecho. —¿Y a vos, qué te pasa conmigo? —le solté de repente, mientras acomodaba un paquete de yerba en el carrito. Sabía que no debía hacerle una pregunta así, pero la calientapijas que siempre fui a veces me empuja a escuchar confesiones, aunque después me queme por dentro. No era que quería concretar con él, pero me gustaba ver a los tipos abriéndose, diciéndome sus deseos con esa cara de querer comerme viva. Con Enzo era arriesgado, porque él vivía conmigo. —¿Qué me pasa con vos? —repitió, con una sonrisa lenta—. Me gusta lo cheta que sos, esa piel blanca que tenés. En el barrio no había ninguna mina como vos. —Acá capaz que sí —dije, mirando las góndolas. —Puede ser, pero igual no hay ninguna como vos. Ni siquiera Sabrina, que está recontra buena, es mejor que vos. Lo miré por encima del hombro. —¿Y por qué no te quedás con Sabrina y listo? —Me voy a quedar con Sabrina —dijo, sin inmutarse—. Me la voy a coger cada vez que pueda. Pero ella es como yo, ¿sabés? Le gusta divertirse. —Con más razón, quedate con ella. —Pero yo te quiero a vos —me soltó, mirándome como si lo dijera en serio. —Estás obsesionado, nada más. Te da morbo que sea la novia ...
... de tu tío. —Eso puede ser —confesó, con total naturalidad—. Pero además… tenés un culo hermoso. Y una carita de puta que me vuelve loco. Lo miré con una mezcla de indignación y vergüenza. —¿Qué decís, pendejo? ¿Así te querés levantar a una mina? —Solo te digo lo que pienso. Vos me lo preguntaste. —Sí, retiro la pregunta —dije, dándome vuelta. El supermercado estaba tranquilo, pero no vacío. Un par de clientes caminaban con los changuitos medio llenos, un viejito buscaba ofertas en la verdulería, y una señora discutía con el chino de la caja sobre un descuento. Aun así, cada vez que quedábamos solos en un pasillo, sentía como si el mundo se hubiera reducido a él y a mí. Estaba en la góndola de los aceites, estirando el brazo para alcanzar uno de los estantes de arriba. Me puse de puntitas. En ese instante lo sentí detrás de mí. Su sombra se proyectó sobre mi cuerpo como si fuera un depredador a punto de atacar. Antes de que yo tocara la botella, él extendió su brazo largo y la agarró con una facilidad que me irritó. —Te ayudo, tía —dijo con ese tono entre chistoso y obsceno. Pero al hacerlo, me dio un leve empujón con su cadera. Yo, con los tacos y la mala postura, me tambaleé hacia adelante, casi como si fuera a caer. En un reflejo rápido, me agarró de la cintura con una mano. Y ahí lo sentí. Su verga, gruesa, apenas hinchada, apoyándose contra mis nalgas a través de la falda. No estaba totalmente dura, pero el peso, el calor, y la forma ...