1. Mi sobrino me quiere coger a toda costa


    Fecha: 19/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Princesa cruel, Fuente: TodoRelatos

    ... me siento cómoda con él.
    
    —¿Pasó algo más? —preguntó, al fin, con esa voz que parecía juntar coraje para enfrentar una situación incómoda.
    
    Medité mi respuesta. Podía decirle la verdad de una vez, y listo. Pero, ¿cuál era esa verdad? Enzo se había propasado conmigo, sí, pero yo lo había dejado. Había permitido que me corriera la tanga y me metiera el dedo adentro de la concha. Podía mentir, claro. Podría negar las partes que no me favorecían. Pero todo eso era para quilombo. Ya me había mandado la cagada. Ahora tenía que convencer al inocente de mi novio a que echara a su sobrino de la casa. Si no, me lo iba a terminar cogiendo.
    
    —¿Te parece poco lo que pasó? —le respondí, tirándole la pelota.
    
    —No, no me parece poco… pero tampoco me parece tanto —dijo—. Si querés, mañana hablo con él. Le digo que algunas cosas te incomodan.
    
    Sabía que no lo haría. O, si lo hacía, lo haría con ese tono de “buena onda” que no asusta ni a un perro callejero.
    
    —Hacé lo que quieras —le solté, dándole la espalda.
    
    —Hagamos algo —propuso—. Si en dos días seguís así, hablo con él y le digo que se vaya. Pero consultalo con la almohada, tranquila, y vemos después. ¿Te parece?
    
    Pobre Fabricio.
    
    Esa dulzura suya, esa incapacidad de plantarse, le iba a costar unos cuernos gigantes. La Delfina de hace cinco años no hubiera esperado tanto. Ya le habría pintado los cuernos cien veces, solo por diversión.
    
    —Ajam —fue mi única respuesta.
    
    A pesar de que convivíamos bajo el mismo ...
    ... techo, por suerte no pasábamos tanto tiempo a solas. Fabricio trabajaba desde casa casi todo el día, y cuando salíamos, lo hacíamos juntos. Eso me salvaba de la incomodidad —o más bien la tortura— de quedarme sola con Enzo. Porque sabía que si estábamos solos, él iba a querer cogerme, y yo no estaba segura de poder resistirme.
    
    Al otro día, Enzo actuó como si nada. Ni una sonrisa descarada, ni una mirada de esas que parecen desnudarme con la mente. Nada. Me pregunté si estaba tan borracho que no se acordaba de cómo me metió mano. Sospechaba que no: solo se estaba haciendo el boludo frente a Fabri.
    
    Yo también fingía que no pasó nada, obvio.
    
    Mientras tanto, la boluda de Sabrina me seguía llenando la cabeza con su “experiencia espiritual” con Enzo. "Delfi, ese pendejo me cogió como si fuera una muñeca. Una bestia." Como si eso ayudara. Y Fabricio… ay, Fabricio. Desde que llegó Enzo a casa, me cogía más despacio, como si temiera hacer ruido y que el pendejo escuchara. No es que fuera malo en la cama, siempre fue delicado y atento, pero la pasión había bajado un par de escalones. Y encima, mientras él se apagaba, mi cabeza se encendía con imágenes que no quería tener.
    
    Estaba por salir cuando escuché la voz Enzo desde el sillón:
    
    —Voy con vos. Te acompaño.
    
    Ni siquiera fue una pregunta. Era invasivo hasta en esos detalles. Fingí que no lo escuché, y salí de la casa. Di pasos rápidos hacia el portón. Pero solo pude avanzar unos metros por la vereda, cuando sentí cómo se ...
«1234...7»