1. Mi sobrino me quiere coger a toda costa


    Fecha: 19/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Princesa cruel, Fuente: TodoRelatos

    ... eran tan evidentes que un escalofrío me recorrió desde el cuello hasta los pies.
    
    —¡Soltame, boludo! —le dije.
    
    —Si solo te estoy ayudando… —murmuró, bajando la voz como si estuviera diciendo una obscenidad.
    
    Era obvio que me había empujado a propósito para hacerme sentir su verga.
    
    Me di vuelta, pero quedé arrinconada. La góndola a mi espalda y su cuerpo enfrente, ese cuerpo enorme que parecía ocupar todo el pasillo.
    
    —Sos un ropero —le dije, riéndome nerviosa.
    
    —Y vos sos tan chiquita, tan frágil… —susurró, bajando la mirada a mi boca.
    
    La frase me arrancó una risa corta, como un intento fallido de quitarle peso al momento.
    
    —Basta —dije, aunque mi voz sonó más suave de lo que quería.
    
    —¿Basta con qué?
    
    —Con mirarme así —respondí, casi susurrando, mientras mi respiración se agitaba.
    
    —¿Cómo te estoy mirando?
    
    —Vos sabés cómo.
    
    —No sé, decime vos.
    
    Antes de que pudiera contestar, me agarró del mentón con dos dedos grandes y ásperos, girando mi cara para que lo mirara a los ojos verdes, que ahora estaban tan cerca que me mareaban.
    
    —Como si me quisieras coger acá mismo —le dije,.
    
    Entonces me agarró de la cintura con las dos manos, acercándose más.
    
    —¡No! —le dije, pero fue un no débil, casi un suspiro.
    
    Se agachó, inclinando la cabeza para besarme, y yo esquivé su boca girando apenas la cara, aunque sentí su respiración caliente rozando mi mejilla.
    
    —¡No, basta! —dije, con un tono que ni yo me creí.
    
    Pero él no me soltó. Me volvió a ...
    ... tomar del mentón, esta vez con más fuerza, y me obligó a mirarlo de nuevo.
    
    —Basta, me estás lastimando… —dije, aunque era mentira. No me estaba lastimando, me estaba volviendo loca.
    
    Tendría que haber sabido que estas cosas iban a pasar. Cuando una deja que un adolescente la penetre con los dedos, y encima lo deja caliente, con la pija dura, sin concretar, después es muy difícil sacártelo de encima.
    
    —Solo un beso —susurró.
    
    —¿Y qué? Después vas a querer más.
    
    —Sí —admitió, con una honestidad brutal—. Pero ahora me conformo con un beso. Si no, no te suelto.
    
    —Entonces voy a gritar —dije, mirando de reojo, buscando algún empleado, pero el pasillo estaba vacío.
    
    Sentí el corazón golpeando en mi pecho, la tensión de su cuerpo sobre el mío y el calor entre mis piernas creciendo a un nivel que me asustaba.
    
    —Acá me conocen, boludo —le dije, intentando recuperar algo de dignidad—. Si nos ve alguien, Fabri se va a enterar.
    
    Era una verdad a medias. Éramos clientes frecuentes, sí. Pero los chinos apenas hablaban español, y los otros clientes no parecían ser del lado del barrio en donde nosotros vivíamos. Y, en todo caso, si me reconocían y corrían la bolilla de que yo estaba arrinconada en una góndola con el chico que vivía con nosotros, Fabricio sería el último en enterarse, como suele pasar con los cornudos.
    
    —Entonces no tardes… —dijo Enzo, sonriendo, con la voz tan baja, tan susurrante, que parecía una amenaza.
    
    —Viniste a romper todo, ¿no? A destruir mi ...
«12...4567»