1. Eugenia y Fabiola capítulo 2


    Fecha: 22/04/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Susy, Fuente: TodoRelatos

    Veinte años atrás…
    
    —¡Fabiboba! ¡Fabiboba! —gritaban todos.
    
    La sala completa vibraba con el coro, como si hubiesen ensayado. Fabiola, sentada en la segunda fila, apretaba los brazos contra su cuerpo mientras miraba hacia abajo. Su polera del uniforme le quedaba ajustada en el vientre, y la transpiración le perlaba la frente.
    
    —¡Oinkola! ¡Oink oink! —insistió alguien desde el fondo.
    
    La voz más clara, más fuerte, era la de Eugenia Ramírez. De pie junto al pizarrón, con una sonrisa burlona y un moño alto que parecía parte de una corona, comandaba la escena con una seguridad sin esfuerzo. Vestía el uniforme como si fuera un vestido de pasarela. Todos la miraban. Todos la seguían.
    
    —Miren cómo se pone —dijo con tono meloso—. Si va a llorar que lo haga con gracia.
    
    Fabiola no lloró. Solo siguió con la cabeza baja. Los papeles de sus cuadernos estaban cubiertos de dibujos pequeños, casi obsesivos, de corazones partidos y caritas tristes.
    
    —Ya, Oinkola, ¿y el desfile? —preguntó Eugenia, avanzando hacia ella—. ¿No ibas a caminar como cerdita? Yo te ayudo con los “oink”.
    
    Fabiola no se movió.
    
    Eugenia chasqueó los dedos frente a su cara, dos veces, con desdén.
    
    —No seas malagradecida. Te estamos haciendo famosa.
    
    La risa se propagó como una infección. Nadie dijo nada en su defensa. Ni uno solo. Y la profesora entró tarde.
    
    Hoy día…
    
    El silencio en la oficina era denso. Eugenia seguía de rodillas, desnuda, con las manos apoyadas sobre la lujoza alfombra. Esa ...
    ... alfombra que costaba más que el auto que tuvo que vender hace un mes para pagar el arriendo y parte de sus elevadas deudas.
    
    Fabiola la observaba satisfecha y en silencio. Caminó lentamente hacia el sofá de cuero blanco, y se dejó seguir. Se sentó con elegancia estudiada y, sin decir una palabra, apoyó ambos pies descalzos sobre la espalda de Eugenia, como si se tratara de un escabel. Eugenia miraba el suelo.
    
    Encendió un cigarro. La primera pitada la lanzó al techo, con la mirada fija en la figura agachada frente a ella.
    
    —Mírate —dijo por fin, con un tono bajo, sin burla, casi con calma—. ¿Quién lo hubiera dicho?
    
    En su mano derecha Fabiola sostenía el cigarro, y en la izquierda la fusta. La apretó con fuerza y le pegó en una nalga. Eugenia se estremeció, y su cuerpo se irguió involuntariamente, lo que a la vez, desestabilizó muy levemente a Fabiola.
    
    —¡Epa! Más cuidado —la retó Fabiola.
    
    —Perdón, perdón —susurró Eugenia, sumisa.
    
    Fabiola golpeó nuevamente, ahora la otra nalga, y Eugenia se quedó inmovil como una estatua. Fabiola sonrió, y le dio con calma, otra calada a su cigarrillo.
    
    —¿Estás cómoda?
    
    Eugenia no respondió.
    
    Fabiola apretó con un pie entre sus omóplatos, solo un poco.
    
    —Te hice una pregunta.
    
    —Sí… estoy cómoda —susurró Eugenia.
    
    —Me alegro.
    
    Fabiola cruzó las piernas sobre su espalda, como si fuera una mesa de diseño. Dejó caer la ceniza en un cenicero de cristal tallado. Luego volvió a mirarla con satisfacción, Eugenia seguía ...
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