1. Eugenia y Fabiola capítulo 2


    Fecha: 22/04/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Susy, Fuente: TodoRelatos

    ... con la mirada baja. Fabiola agarró su teléfono y se puso a hacer llamadas de trabajo, hablaba mientras sentía un poder absoluto que le irradiaba en cada poro de su piel. Mientras hablaba, a ratos movía sus pies por la espalda de Eugenia, los acomodaba, los cruzaba y los mantenía otro rato. En paralelo, le pegaba fustazos en las nalgas, o le recorría el cuerpo con su nueva herramienta favorita.
    
    Eugenia, por su parte, mostraba ahora un cuerpo quieto y en reposo, en contraposición con su mente, que bullía en emociones y pensamientos. ¿Qué está pasando realmente? ¿Cómo puede ser posible que esté, ahora, en este mismo instante, siendo usada como un puto mueble, por una persona que razones tiene y de sobra, para tenerme un enorme rencor? ¡¿Y por qué carajo tengo ganas de meterme los dedos?!
    
    Pasó media hora hasta que Fabiola terminó sus llamados. Retiró los pies de la espalda de Eugenia, cruzó las piernas y chasqueó los dedos para llamar su atención. Se miraron en silencio por un instante. Fabiola tenía la presencia de una reina: mirada intensa, sonrisa de satisfacción serena, piernas firmes y pies hermosos, cuidados, con las uñas pintadas de un rojo encendido.
    
    Eugenia la observaba con una mezcla de miedo, asombro y, sobre todo, rendición. No veía escapatoria, pero en lo más profundo, tampoco la deseaba. Bastó que el dedo índice de Fabiola apuntara hacia sus pies para que Eugenia comprendiera lo que debía hacer.
    
    Primero los contempló; el rojo de las uñas la atrajo ...
    ... como una bandera frente al toro. Se acercó con lentitud y besó la parte superior. Luego otro beso, y otro más. Descubrió que le gustaba. Entonces, comenzó a chupar los dedos, uno por uno, saboreando. Después, apoyó toda la planta del pie sobre su rostro, se acarició con ella, y finalmente deslizó la lengua desde el talón hasta los dedos.
    
    Por un instante, concentrada en su labor, Eugenia olvidó lo insólita y denigrante que era su situación. Puso la mente en blanco y se dedicó a chupar los pies de Fabiola. No se percató de que, con una mano, sostenía el pie que colgaba de la pierna cruzada de su autoritaria jefa, y con la otra, comenzaba a tocarse. Solo lo advirtió cuando un fustazo certero la sobresaltó.
    
    —No te he dado permiso para tocarte, viciosa —la amonestó Fabiola. Intentaba mostrarse molesta, pero le costaba disimular la satisfacción que le provocaba ver cómo ese nuevo juguete no solo obedecía sin dudar, sino que además lo disfrutaba.
    
    —Perdón, Fabiola.
    
    Otro fustazo.
    
    —Veo que no eres particularmente respetuosa.
    
    Eugenia la miró con temor. Tenía aún su pie en los labios, el cuerpo desnudo, arrodillada frente a ella. Fabiola proyectaba una imagen de poder: el vestido negro que la envolvía, su rostro bello y afilado, la mirada penetrante, el busto prominente. La temía. Pero, incluso contra su voluntad, también la admiraba.
    
    —Perdón… ¿jefa? —probó Eugenia, en un intento tímido por oponerse a lo que sabía que debía decir. Una resistencia débil, inútil ante lo ...
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