1. Terapia con mi tía 4


    Fecha: 23/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    —Tenemos que hablar. — dijo Sofía, frente al espejo. Un espejo pulcro e impoluto que le devolvía una imagen cruda.
    
    —Vale, hablemos — dije, y aunque intenté sonar lo más relajado posible, la verdad es que me sentía profundamente tenso.
    
    No sabía sobre qué giraría la conversación y no estaba preparado, pero bueno, al menos sabía que mi tía estaba en igualdad de circunstancias conmigo.
    
    Nos dirigimos al salón, ella delante, yo detrás, siguiendo el movimiento de su culo. Dios, que buen culo tenía mi tía.
    
    El salón estaba en penumbras, iluminado solo por la luz tenue que se filtraba por las cortinas. Sofía se sentó en el sillón, con las piernas cruzadas, y yo me acomodé en el otro extremo del sofá, intentando aparentar una tranquilidad que no sentía.
    
    Esta vez, sí había una distancia importante entre ambos, aunque tampoco importaba mucho.
    
    —A ver, vamos por lo obvio — comenzó, y por primera vez en mucho tiempo, sentí que era mi tía con quien hablaba y no con una psicóloga impostora —: esto es una locura, una estupidez y está mal… está terrible.
    
    Asentí, sin decir nada, simplemente observándola. Sus ojos, que habitualmente irradiaban seguridad, ahora reflejaban una mezcla de incertidumbre y preocupación, pero a decir verdad, no pude percibir culpa en ellos.
    
    —Nada de esto debería haber pasado, jamás, nunca, bajo ninguna circunstancia …
    
    Y bueno.. a veces sólo es un salto de fe. Me abalancé a besarla, lo cual no es metafórico sino real, pues literalmente salté ...
    ... desde mi esquina del sofá hasta su esquina con brusquedad. Tanta, que no atinó a detenerme aunque puso sus manos suavemente en mis hombros, probablemente víctima de la sorpresa.
    
    El beso fue intenso, apasionado, y por un momento, el mundo a nuestro alrededor desapareció. Sus labios, suaves pero firmes, se dejaron llevar por los míos con una pasión que no pude disimular.
    
    No voy a mentir: me encantaba besarla, era una fantasía que ni siquiera me había permitido sentir porque sabía imposible.
    
    Sofía rompió el beso con una brusquedad que me dejó sin aliento y me ordenó con voz firme que la escuchara. Obedecí, aunque mi corazón latía con tanta fuerza que podía escuchar sus golpes en mis oídos.
    
    —Esto es el problema — dijo con severidad, mirándome a los ojos, pero luego remató —. Si seguimos así, todo se irá a la mierda.
    
    Y vaya, que esa elección de palabras me sorprendió.
    
    —¿De qué hablas, Sofía? — pregunté casi atónito.
    
    —De esto, simplemente es muy explosivo, muy impredecible y eso…
    
    —Y eso podemos trabajarlo — la corté de golpe, acercándome a ella de nuevo. Le pegué la cara a centímetros de la suya.
    
    —¿De que hablas, Adrián? — contestó ella, copiando mi pregunta.
    
    —De que quizá lo que necesitamos son simplemente… acuerdos, ¿no?
    
    Sofía me miró profundamente sorprendida. Sin embargo, justo en ese preciso momento, alguien llamó a la puerta de su consultorio.
    
    —MIERDA — exclamó, la miré mientras se levantaba a toda prisa para arreglarse la ropa.
    
    —¿Qué ...
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