1. Terapia con mi tía 4


    Fecha: 23/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... sugerente, con un cuello en V. La tela brillaba suavemente bajo la luz, resaltando cada movimiento de su cuerpo. La blusa, aunque no era demasiado ajustada, ceñía su busto generoso de manera que no pasaba desapercibido. Vaya tetas que se sugerían bajo la, seguramente, cara prenda.
    
    No podía ver su falda, salvo por el comienzo. Sofía era bastante caderona, lo cual le acomodaba bien pues tenía un culo de campeonato que coronaba la figura.
    
    Me senté en la silla frente a su escritorio, intentando disimular mi nerviosismo. Ella continuó revisando los papeles durante unos minutos más, y yo me entretenía observando el reloj en la pared, deseando que pasara el tiempo.
    
    Finalmente, cerró la carpeta que tenía en sus manos y se inclinó hacia adelante, mirándome fijamente.
    
    —Adrián, quería hablar contigo sobre lo que ha estado sucediendo últimamente — comenzó, como siempre, con su tono quirúrgico.
    
    —Muy bien, Sofía. Hablemos — Y yo sabía que tenía, como siempre, que joder un poco las cosas para que cayeran, y la única forma que encontraba era rompiendo las barreras, en este momento físicas. Por lo cual me levnaté y caminé a su lado.
    
    Ella se mostró interesada en mi actuar, era la primera vez que no se mostraba intimidada por mis desplantes. Al llegar a su lado, volteó su silla, con lo que quedamos de frente, aunque yo de pie y ella sentada.
    
    Todavía tuvo la audacia de reclinarse con una ambigua sonrisa en el rostro, estudiándome.
    
    Finalmente, rompió el silencio. Su ...
    ... voz fue suave pero firme, con ese tono que delataba que había tomado una decisión.
    
    —Adrián —dijo, y su nombre en sus labios sonó casi como una promesa—, todo lo que pase entre nosotros será bajo mi control. Tú harás lo que yo diga, ¿entendido?
    
    Me miró fijamente, esperando una respuesta. Yo, por un momento, me quedé sin palabras. No era común que Sofía hablara de esa manera, con tanta autoridad y seguridad. Pero había algo en su tono que me hizo asentir sin dudar.
    
    —Entendido —respondí. Sofía asintió, complacida. De todas las formas que esta conversación podía ir, definitivamente no esperaba algo tan fácil.
    
    Se levantó de la silla con gracia, y por un momento, pude apreciar la belleza de su figura.
    
    —Vamos a la sala —dijo, y su voz tenía un tono de decisión—. El consultorio es un poco… incómodo para esto.
    
    Asentí, y juntos salimos del consultorio.
    
    Una vez en la sala, nos acomodamos en el sillón de siempre, donde rápidamente nos comenzamos a besar. Yo aproveché para estrujar sus pechos, y ella palpó mi verga por encima del pantalón.
    
    Torpe pero ansiosamente, nos desnudamos el uno al otro. Cada botón que se abría, cada centímetro de piel que quedaba al descubierto, me acercaba más a lo que tanto había anhelado. Finalmente, cuando los últimos jirones de ropa cayeron al suelo, pude admirar su cuerpo desnudo. Sofía, bajo la tenue luz de la sala, era aún más hermosa de lo que mi imaginación había podido construir. Su piel, suave y luminosa, invitaba a ser tocada, ...
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