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Diario de un Consentidor 201 Phobos y Deimos
Fecha: 23/04/2026, Categorías: Intercambios Autor: Mario, Fuente: TodoRelatos
... llevo. A mi cabeza vinieron las palabras de Jekyll, angustiado por una tormentosa contradicción y resignado a aceptarla: «Aprendí a reconocer la completa y primitiva dualidad del hombre: Me di cuenta de que de las dos naturalezas que luchaban en el campo de batalla de mi conciencia, aún cuando podía decirse con razón que yo era cualquiera de las dos, ello se debía a que era radicalmente ambas» (2) Alonso interrumpió el conflicto que me hostigaba. —Míralos, se quieren. —¡Cómo puedes decir eso! Es sólo sexo, es instinto y deseo. —¿No es esa la base sobre la que se construye el amor? Ellos han regresado a la esencia de lo primitivo, a lo ancestral. No dudes de que se quieren. —No hay nada racional en esa relación, tu mujer se sitúa al nivel de… —Vamos dentro. —dijo al ver que Rosalía se incorporaba y Phobos saltaba al suelo. Pasé en el cuarto de baño más de lo necesario, me hacía falta un espacio en soledad y el tiempo que dediqué al aseo fue el suficiente para pensar, para ver reflejada la duda, la angustia, el temor, la vergüenza. Salí con la determinación de mantenerme firme en mi posición, era un lance desigual en un terreno desconocido, aun así me sentía capaz de afrontarlo. Me esperaban en el salón; los dos grandes machos salieron a mi encuentro con paso armonioso, qué belleza, qué fuerza. Entré flanqueada por ellos, la mirada del matrimonio me dio una idea de la imagen que debía de estar ofreciendo; erguida, con la cabeza bien alta y el pelo ...
... suelto, avanzaba desnuda acompañada por los dos bellos ejemplares. Ojalá pudiera verme. . . Soledad —Elena, soy Mario …. Estoy en Sevilla, ya sé que es muy tarde y tú tendrás tus planes. Me gustaría verte. Necesito verte. No he debido llamar. —Claro, lo entiendo, no te preocupes …. Mañana, en el último tren …. Imposible, ojalá pudiera quedarme, tengo compromisos inaplazables …. No importa, voy a volver pronto, te avisaré con tiempo. ¿Todo bien? …. Me alegro …. Yo también, un beso. . . Día 4 (viernes) A las dos dimos por terminada la velada, decliné la invitación de pasar la noche, tuve miedo yo, la mujer que no se arredra ante nada. Phobos y Deimos habían desaparecido, estarían durmiendo. Tomamos un último café mientras ella se daba una ducha. Tenía tantas cosas por procesar que me quedé en silencio sin advertir que el tiempo corría. Sobre el sofá seguían las fotos que, en un arrebato de inusitada confianza, me habían mostrado a saber con qué oscura intención, en ellas aparece Rosalía desnuda, sentada en el suelo entre los dos perros o bien con uno u otro; en otra se la ve a gatas emparejada con Phobos, ambos miran a cámara; a su lado, el animal parece enorme. Los tres llevan el mismo collar tachonado en acero ciñéndoles el cuello, las placas identifican a cada ejemplar: Phobos, Ros, Deimos. «Déjala, no la agobies», le apremió para frenar la insistencia de su esposo empeñado en saber qué me parecían, a ella le bastó penetrarme con la mirada. No ...