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Diario de un Consentidor 201 Phobos y Deimos
Fecha: 23/04/2026, Categorías: Intercambios Autor: Mario, Fuente: TodoRelatos
... Madrid. Ambos se levantaron, el que me había sido adjudicado se abrochó la chaqueta y extendió la mano. —Alonso Salvatierra, encantado. —Carmen, mucho gusto. —Jose Luis Conde. —se presentó su acompañante. —Candela es otra de nuestras estrellas. —¿Tienes un molde o te las fabrican en serie? —bromeó el segundo. Mientras la saludaban los observé. Bien trajeados, de modales exquisitos, el mío rondaría los cincuenta bien llevados, de complexión atlética, pelo canoso abundante, peinado hacia atrás, con el rostro surcado de líneas de expresión, ojos claros y manos fuertes que había apreciado en el saludo. Su amigo era algo más joven, grueso, medio calvo con el pelo muy corto, grandes ojeras propias del abuso de alcohol, piel blanca marcada por venillas y semblante abotargado con tendencia a una laxitud que lo envejecía. Nos sentamos de acuerdo a las posiciones que Diego nos había asignado, añadió alguna otra cosa con un exceso de servilismo y se marchó. —Al fin te conozco, he oído hablar tanto de ti que pensé que no eras real. —Pues aquí estoy. Dime, ¿qué has oído? —Todo cosas bonitas. Educado, amable, el tipo de hombre en el que se puede confiar salvo porque estábamos en un burdel disfrazado de pub. Le dejé hablar, otro en su lugar habría tratado de indagar en mi vida, él no, se limitó a preguntar por mis gustos e intereses, traté de no ofrecer demasiada información sin parecer evasiva, ya sabéis, ese punto amable que cierra puertas sin parecerlo, ...
... él lo entendió y me abrió su vida guardando la discreción debida, para ser casi un grande de España —según Diego— actuaba con la sencillez propia de un plebeyo, supongo que formaba parte de su educación, ser capaz de pasar desapercibido entre la multitud. A pesar de todo empezó a caerme bien, si tuviéramos una relación a largo plazo podría encontrar los puntos débiles, pero eso no iba a suceder. Candela mantenía una animada conversación con su pareja, sin duda en otro tono bien distinto, dejé de prestarle atención, Alonso me tenía absorbida, hablábamos de temas que compartíamos, pintura, teatro, literatura, quien diría que estábamos en un puticlub —hablemos claro— y yo era la pieza por la que había pujado. Recordé la primera vez que estuve con Javier, el bodeguero, en aquella ocasión me refugié en mi propia persona para sentirme segura —Garmisch, Munich…—, en esta ocasión yo era simplemente yo junto a un hombre atractivo que compartía los mismos gustos; estábamos bien, se notaba. Tras una pausa se acercó al oído y propuso salir de allí. —¿Nos vamos? —Dame un minuto. Entré a las taquillas y me cambié sin haberlo pensado a fondo (Diego me había asignado una taquilla, la diecisiete, donde guardaba la ropa y mis pertenencias, algo sobre lo que ya volveré). Vestida de calle, regresé a la sala, se levantó y me acompañó a la salida. La noche parecía querer regalarnos un cachito de primavera, respiré profundamente el aire cargado de aromas que no se encuentran en Madrid. ...