1. Diario de un Consentidor 201 Phobos y Deimos


    Fecha: 23/04/2026, Categorías: Intercambios Autor: Mario, Fuente: TodoRelatos

    Diario de un Consentidor
    
    Capítulo 201 Phobos y Deimos
    
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    «El amor no conoce barreras, ni colores, ni especies.
    
    La forma del agua. Guillermo del Toro 2017»
    
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    Día 3 (jueves)
    
    A las diez, Candela y yo salimos a la barra, el pub llevaba una hora abierto, las demás chicas ya estaban moviéndose por el local, Deylin, la mulata charlando con una camarera ; Martina, sentada en una mesa con dos maduros a los que parecía conocer bien; Andreíta, la nueva, hablaba con Diego inclinada sobre la barra, las piernas rectas, abiertas y el culo empinado llamando la atención de las mesas cercanas, en cuanto acabase tendría asegurada la primera consumición y tal vez el primer servicio, cosas de tener un trasero llamativo. Poco a poco, el local se llenaba. Nos dejábamos ver cogidas del brazo devolviendo saludos, nos deteníamos, me presentaba, era el momento de seguir nuestra ronda.
    
    Yo no quería pensar. Candela, experta en tragarse los golpes que le había dado la vida, me lo dijo mientras nos preparábamos antes de salir.
    
    —Ahora te olvidas, pones buena cara y miras p’alante, ya tendrás tiempo de llorar y gritar hasta quedarte ronca. Toca ponerse guapa, sonreír y no pensar, sobre todo eso: no pensar. Mañana… ya veremos qué hacer. ¡Vamos! ¡a menear el culo!
    
    La mujer que apareció en la sala con Candela era otra, distinta, serena, sin rastro de la congoja que me había tenido al borde del llanto; salí con alivio porque una extraña calma se había hecho cargo de mí ...
    ... después de tanta pena, ya tendría tiempo de llorar y gritar, no es lo que me pedía el cuerpo. Candela se cogió de mi brazo y me ayudó a dar el primer paso, pensó que necesitaba un empujón cuando sólo estaba haciendo una panorámica de la sala. Deylin… Martina… Andreíta y su culo… Iniciamos un desfile simulando indiferencia a todo menos a nosotras mismas. Miradas cargadas de intención, sonrisas llenas de promesas sórdidas, susurros al oído que en la distancia parecían besos. Candela se detenía aquí y allá saludando a conocidos, saciaba la curiosidad despertada por su acompañante, «Carmen, una amiga de Madrid, ha venido a darme compañía». Nunca la palabra “amiga” tuvo tanta carga erótica como en boca de Candela. Nunca podré pagarle lo que se esforzó esa noche para sacarme a flote.
    
    Diego nos hizo una seña, acudimos sin tardanza, no le gustaba esperar.
    
    —Vamos, os voy a presentar a gente importante, ya podéis estar cariñosas, han venido a propósito a conocerte. Tú distrae al calvo, tú céntrate en el más alto, se llama Alonso, es un pez gordo, medio Sevilla es de la familia de su mujer que es como decir que es suyo. Ponte las pilas.
    
    Nos llevó cogidas del talle a la mesa de los invitados, la camarera terminó de servir las copas y Diego aprovechó para advertirle que corría por cuenta de la casa. El mejor champán francés de la bodega del Penta, no estaba escatimando en gastos.
    
    —Buenas noches, señores, como les prometí, aquí está la joya de la corona, recién llegada de ...
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