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Diario de un Consentidor 201 Phobos y Deimos
Fecha: 23/04/2026, Categorías: Intercambios Autor: Mario, Fuente: TodoRelatos
... encontré palabras para definir lo que sentía. Estupor, bochorno, culpa también, porque tal vez fui yo quien había llevado las cosas demasiado lejos. Era hora de salir de allí, cuanto antes. Habíamos follado delante de su mujer, antes de eso se la lamí arrodillada en el suelo emulando al detalle el insólito espectáculo que protagonizó junto a Deimos. Alonso mandaba con la verga sujeta por la base sin dejar que mis manos intervinieran; para mí fue un juego, forma parte de mi trabajo dar vida a las fantasías del cliente, para eso me pagan; ellos lo calificaron de atrevida performance. Palabras para endulzar otra vuelta de tuerca a un indecente desvarío. Me presté a ello porque no vi nada malo en formar parte de una representación de la que no iba a salir más sucia de lo que ya estaba o podría estarlo si no tuviera los límites tan definidos. Alimenté la fantasía de su desviación a lengüetazos con un brío calcado del que había visto en Deimos, lo plagié sin pudor ni vergüenza escuchando chapotear el gozo de Rosalía ahí donde había bebido poco antes, lamí con la urgencia del instinto oyéndola alabar el buen hacer de la perra. Perra. Me lo han llamado muchas veces, pero nunca antes en sentido literal, me preocupó sobre todo no saber interpretar mis sentimientos. «No te alteres, Carmen, sólo es un juego», alegué en mi defensa. A lo que vamos: La escena era dantesca: A un lado Phobos, sentado sobre los cuartos traseros, daba escolta a su ama; enfrente estaba yo, postrada ...
... en el suelo sobre pies y manos; lamía con ahínco la estupenda polla que se me ofrecía, la lamía sacando la lengua más de lo hubiera creído posible, torciendo el cuello a uno y otro lado para alcanzar mejor la superficie brillante del tronco y, por qué no decirlo, para imitar mejor la conducta de un perro; Deimos vagaba inquieto, tanto como lo estaba yo por su cercanía ya que mi postura, con el culo alzado, podía ser interpretada por el animal como un reclamo. Se detuvo a un palmo de mi cara observándome con curiosidad, su cercanía me intimidaba. —Está aprendiendo cuál es tu lugar en la manada. —dijo con un pretendido tono tranquilizador. «Es un juego, Carmen, no le des importancia», me dije a mí misma. Cambió de mano para sujetarlo del collar, agradecí el detalle y seguí lamiendo como le había visto hacer, a lengüetazos rápidos y vigorosos. Alonso dominaba la escena; sentado en el sillón con las piernas abiertas de esa forma tan hombruna, sostenía la verga como un cetro al que yo rendía culto y sujetaba del collar al fiel perro que miraba celoso a la perra intrusa. Tenía el porte de un auriga dominando a las bestias de su carro de guerra. Eyaculó en mi cara de pronto sin ninguna señal previa, no paré de lamer la polla hasta dar con el último resto, sólo entonces me permitió usar las manos para recoger el semen y llevarlo a la boca porque, a diferencia de un can, mi lengua no alcanza a rebañarme la cara. Después, sin dar tregua, me folló montado en mi grupa afirmado en ...