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Mi hijo, mi cómplice y mi amante
Fecha: 23/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Cortesana-Xochi, Fuente: CuentoRelatos
Mis viajes a Río de Janeiro siempre fueron una provocación para mis deseos eróticos, mis vicios sexuales se despiertan apenas toco las arenas de esas playas y más, cuando llegando a mi casa en Cabo Frio, lejos de tanta multitud me entrego al juego de mis deseos lujuriosos. Para ello siempre voy provista, no solo de mis deseos, sino de mis intimidades y de mis pensamientos más perversos. Este viaje de negocios también de placer —y vaya que placeres— lo estábamos haciendo con mi marido y con mi hijo mayor Richard, mi fiel cómplice. Sabía que del otro lado de estos negocios estaba mi primo Ronaldinho, a quien había dejado de ver hacia más de veinte años y aunque siendo jóvenes tuvimos un «approach» nunca le permití avanzar más que de sus besos cariocas. Me preguntaba ¿Cómo estaría?, la fantasía me llevaba a excitarme y a elaborar estrategias, quizá para seducirlo si ahora se concretaba la excitación que me provocaba mi propia fantasía. Estando mi marido acompañándome en estas reuniones, sabía que iba a necesitar de un cómplice para mis aventuras, —no lo dude— mientras pensaba todo esto, y mientras íbamos en el avión giré mi cara hacia mi hijo y le sonreí dulcemente, él me devolvió la sonrisa y una sensación erótica me atravesó todo el cuerpo, la sentí desde mis pezones hasta esa leve sensación de sentir que se mojaba mi tanga, sin duda estaba en el sumun de mis fantasías y mi hijo desde ese momento fue mi cómplice y después mi amante perfecto; ¿quién iba a sospechar de ...
... nuestro incesto y de estos juegos eróticos? Efectivamente llegamos a Río y la noche siguiente tuvimos esa cena en la recepción, allí estaban Ronaldinho encargado de negocios, mi padre embajador y mi marido (el cornudo de siempre) —¡¡¡Ufff!!!— Estaban todos, pero también mi hijo. La noche se fue haciendo larga y en un momento me quedé charlando con él, con Richard; quien descubrió el erotismo con el que me había vestido para esa gala; no dudo en acariciarme la mejilla cuando me dijo, — estás para el pecado más perverso—, me descrucé de piernas mostrándole que tenía una tanga de encajes negro, a lo cual él abrió sus ojos y desabrochando un botón de mi blusa le dejé ver que mis pecas descendían hacia mis lolas sin soutien, pero todavía firmes como mis pezones. Ante su mudez me acerqué con mis labios y le di ese piquito en los labios, lo que le encendió la provocación de sujetarme por la cintura y devolverme ese besito con un «te amo mamá». Le pedí que distrajera a mi marido y a mi padre tratando de alejarlos cuando me viera conversar con Ronaldinho; —¿te lo vas a coger? —me preguntó al oído, yo poniéndole mi dedo sobre su boca le contesté, —si me dejás y prometés ser mi cómplice después te daré tu premio— mientras le acariciaba su entrepierna sintiendo su incipiente erección. Yo estaba despertando el incesto de Yocasta y Edito con mi propio hijo. —Me encanta que seas una puta— me murmuró susurrándome al oído, le devolví esa confesión con otro piquito, pero más húmedo en ...