1. Minerva es el erotismo tabú puesto al desnudo (1)


    Fecha: 24/04/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Mesalino, Fuente: CuentoRelatos

    Nicolau Prats De la pava, que tenía 22 años por esa época, estaba sentado frente a una ventana de la primera planta de la biblioteca de la Universidad de Huesca. Cursaba el cuarto año de Grado en Veterinaria, y estaba estudiando para el examen final de la asignatura Cirugía de Animales de Compañía. Jugando con un lápiz entre sus dedos, miraba distraído por la ventana que daba a las canchas de baloncesto. La moneda dorada que colgaba del cielo calentaba el día más de lo habitual para ser principios de junio.
    
    De repente, vio aparecer en la cancha más cercana a la biblioteca, acompañada de tres chicos que reconoció como de último año de ingeniería mecánica, a la chica de sus sueños, y la de casi todo el alumnado, Minerva Magnusson.
    
    Era una chica de 21 años que estudiaba tercero de Administración y Dirección de Empresas, ADE. Las facciones del rostro parecían esculpidas por los dioses. Dioses que le habían puesto en la cuenca de los ojos un par de esmeraldas redondeadas, de color vivo y cristalino, que Nicolau jamás había visto ni en persona, ni en revistas, ni en televisión. En la universidad se decían mitos sobre ella: que algunos chicos o chicas débiles de carácter se habían hipnotizado con su mirada, o que al hablar con ella se habían vuelto tartamudos, o que al verla venir se les había olvidado caminar, o que al verla pasar se les había torcido el cuello.
    
    Esa mañana, Minerva Magnusson vestía una camisa blanca, pulcramente metida entre su minifalda, la cual estaba ...
    ... hecha de volantes que formaban dunas de color pajizo.
    
    Un chico que era de raza negra le tomó la mano por encima de la cabeza y le hizo hacer media pirueta, enseñándole la parte trasera del atuendo al resto de chicos. Ella se dejó hacer mientras la blancura de sus mejillas cambiaba a rojizo y los chicos hacían gestos de aprobación mirándole el culo sin disimulo.
    
    Esos jóvenes eran conocidos por ser problemáticos; de esos que se embriagan, se drogan y terminan armando peleas en fiestas y pubs. Una vez pasaron la noche en la estación de policía por estar fumando marihuana en la vía pública y otra por agredir a un chico en una fiesta.
    
    Uno era flaco, desgarbado y de hombros encogidos, de nombre Alejandro. David era un chico gordito y bonachón, que no pegaba bola andando con los buscapleitos. Al chico de raza negra, Nicolau no le sabía el nombre, pero sí que jugaba en el equipo de baloncesto de la universidad; se le veía fuerte y le sacaba dos palmos de altura a Minerva. Con unos llamativos dedos largos, sostenía con facilidad su pelota de baloncesto con una sola mano. Por obvias razones, eran conocidos como la pandilla de “El negro, el flaco y el gordo”.
    
    No se oía lo que hablaban, pero reían y hacían reír a Minerva. Al hacerlo, unos encantadores hoyuelos se hacían en sus mejillas.
    
    Una corriente de viento se acercó y jugó con su cabello, largo y del color del azabache, colocándole graciosamente un mechón en el rostro. El chico negro alargó la mano y se lo quitó. Ella ...
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