1. Minerva es el erotismo tabú puesto al desnudo (1)


    Fecha: 24/04/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Autor: Mesalino, Fuente: CuentoRelatos

    ... puedes estirar tanto la lengua?
    
    —No lo sé. También puedo estirar mucho mis articulaciones —dijo flexionando su muñeca hasta que la punta del pulgar se unió con el antebrazo.
    
    Todos se miraron con asombro y Minerva se encogió de hombros como una niña traviesa.
    
    —¿P-podemos ver el p-piercing de tu ombligo? —dijo el gordito, quien parecía el más curioso de comprobar las leyendas urbanas que se contaban sobre Minerva. Los demás secundaron su idea.
    
    Ella se puso de pie. Sus piernas, torpes por el alcohol, trastrabillaron un poco. soltó los botones inferiores de su blusa y anudó los faldones por la parte alta del abdomen, dejando así descubierta su cintura angosta, adornada en su ombligo por un piercing que tenía un cristal de Murano del mismo verdor de sus ojos.
    
    —¿Os gusta? —les preguntó ella con una risilla divertida y dejando los brazos abiertos como si fuera a meditar.
    
    Todos alagaron lo sexi que se le veía.
    
    —¿Tienes más? —preguntó el flaco.
    
    —No. Aunque me gustaría uno en la lengua.
    
    Minerva volvió a sentarse a la derecha del negro. Este aferró sus largos dedos al muslo izquierdo de la chica.
    
    —¿Y en el coño? ¿Te harías un piercing en el coño? —le preguntó el negro mientras le acariciaba el redondeado muslo de arriba a abajo.
    
    —¡Huy! Ja, ja, ja, me gustaría, pero creo que en el chochito debe de doler un mogollón.
    
    —¡Bah! Yo tengo uno en la polla y casi no me dolió —dijo el flaco.
    
    —¿Qué? No te creo. Te estás quedando conmigo —dijo ella riendo con ...
    ... incredulidad.
    
    —Es puto cierto, ¿te lo enseño?
    
    —¡Ja, ja, ja, sueñas, chaval! —le contestó ella.
    
    —Sí. Anda. Enséñasela —ordenó el negro.
    
    El flaco se puso de pie, e ignorando la negativa de Minerva, se soltó los botones de su vaquero y se sacó el pene.
    
    —Os pasáis tres pueblos conmigo, ¡eh! —atino a reprochar Minerva mientras con la mano temblorosa y el arco de las cejas elevado le daba un trago a la copa sin quitar la mirada del pene que había a un metro de su cara.
    
    En efecto, tenía una gruesa argolla que entraba por la punta de la uretra y salía por la zona del frenillo. Pero es probable que lo que más sorprendiera a la chica fuera que el pene estaba erecto. Era un pene que llamaba más la atención por largo, que por grueso, como su dueño.
    
    —¡V-vaya! Qué… qué grande es.
    
    —¿Te parece? —dijo el flaco tirando de su pelvis hacia delante para exhibirle el pene con más esplendor.
    
    Minerva rio con ironía.
    
    —¡La argolla!, Alejandro, me refiero a la argolla. ¡Anda!, ya puedes guardar ese gusano.
    
    Todos rieron.
    
    —Entonces. ¿Te animas? —le preguntó mientras se guardaba la polla y se sentaba de nuevo.
    
    —Mmm… algún día, pero en un labio vaginal. En el clítoris debe doler que flipas.
    
    —¿Y qué tal son tus labios vaginales? —le preguntó el negro.
    
    —¡Oye! Qué directos sois en vuestras preguntas.
    
    —Es que tenemos curiosidad. A mí me gustan los coños con los labios carnosos. Que los pueda chupar hasta que me lleguen a la garganta. —Algo debía estar pasando bajo ...