-
La última vez que fui ella
Fecha: 26/04/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Alma Carrizo, Fuente: SexoSinTabues30
... había vuelto a mi eje. —Fue increíble —dije, sin emoción—. Eso es todo lo que quería. —Lo sé —respondió, sin molestarse. Y en silencio, me giré para dormir. Sin abrazos. Sin promesas. Solo con el cuerpo satisfecho como nunca antes. Volver a Buenos Aires después de ese viaje fue como despertar de un sueño que no sabía si era húmedo o pesadilla. Me sentía vacía. Culpable. Sucia y, a la vez, poderosa. Como si hubiera vivido algo tan intensamente que ya nada después pudiera igualarlo. Pero también sentía que no podía seguir así. Mis hijos crecían, y no quería que un día me vieran como esa mujer rota, desbordada, perdida entre excusas y mentiras. Entonces elegí el camino que creí correcto: volví a mi casa, cerré todas las puertas que llevaban a ese pasado, y me propuse reconstruirme. Dejé las aventuras, los deslices, los cuerpos ajenos. Le fui fiel a mi esposo. Me hice la mujer ejemplar que la sociedad adora. O al menos lo intenté. Pasaron seis años. Hasta que el año pasado, una tarde cualquiera, me llegaron unas fotos al celular. Eran de Camila. No mandó ni una palabra. Solo imágenes. Era mi marido. En Italia. Con una mujer. Caminaban por la costa, abrazados. Él reía. Ella también. Y no estaban solos: dos niñas pequeñas jugaban alrededor de ellos. Mi mundo se quebró. Me dolió, claro. Mucho. Pero lo que más me golpeó fue la conciencia de que yo no era la mejor persona para indignarme. Había hecho lo mismo. O peor. Lo dejé pasar. Hasta que volvió ...
... de su viaje. Esa noche no grité. No lloré. No rompí nada. Esperé a que los chicos durmieran y lo cité en la habitación. Solo él y yo. A solas, después de años de silencios acumulados. Le mostré las fotos. —¿Desde cuándo? —le pregunté. Él bajó la mirada. Y habló. —Desde antes de conocerte —dijo sin rodeos—. La conocí en una excursión del colegio, ¿te acordás? Vos también estabas. Te juro que no pensé que se sostendría tanto. Pero tuvimos dos hijas. Y con el tiempo… bueno, no pude dejar ninguna de las dos vidas. Me quedé muda. —¿Y por qué te casaste conmigo? —dije casi sin voz. —Por tu belleza —respondió sin dudar—. Y por el dinero de tu padre. Tenía miedo de que, si te dejaba, él dejara de invertir en mí. Me partió. Pero no terminé de caer hasta que me soltó lo peor: —Y sí… lo supe todo. Marcus. Camila. Todo. Hablé con ella. Le pedí que cuidara de vos. Que te distrajera. Que te hiciera bien. Pensé que… si vos también hacías tu vida, todo estaría más equilibrado. Me dejó sola esa noche. Ni disculpas ni reproches. Solo una verdad cruel. Y así me sentí: usada. Toda mi vida. Ya no tenía ganas de conocer a nadie. Ni de fingir. Pero algo adentro necesitaba salir. No sabía cómo sacarme esta mochila de encima hasta que entendí que escribir era mi única forma de liberarme. Así empecé a contar mis relatos, mis recuerdos, mis deslices… mis verdades. A veces, mientras escribía, me excitaba. Me tocaba. Me emocionaba. Otras veces lloraba. Porque sabía ...