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La última vez que fui ella
Fecha: 26/04/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Alma Carrizo, Fuente: SexoSinTabues30
... vulnerable. Así que, antes de salir, me cubrí con un saco negro largo, casi hasta las rodillas. Cuando bajé al lobby, Camila me esperaba, radiante como siempre. Y, a unos metros detrás de ella, Marcus. —Alma, estás divina —dijo Camila, dándome un rápido vistazo de arriba abajo—. ¿Vas a ir tapada toda la noche con ese saco? —No seas tonta —respondí, riendo—. Es solo para disimular un poco… Marcus no dijo nada. Pero cuando nuestras miradas se cruzaron, noté cómo sus ojos bajaron un instante hacia mi escote, apenas visible entre las solapas del saco. Y luego volvió a mirarme a los ojos, serio, aunque había algo distinto en su expresión. No pude evitar que un leve calor me subiera por el cuello. Me sentí descubierta… y, para mi sorpresa, me gustó. Los días pasaban entre reuniones, cenas de negocios y eventos interminables. Yo me mantenía firme, profesional, impecable. Pero por dentro, cada noche que cruzaba miradas con Marcus, algo se me desordenaba. No pasaba nada entre nosotros. Ni un gesto fuera de lugar, ni una palabra más de las necesarias. Y sin embargo… todo estaba dicho en el modo en que él me miraba cuando creía que nadie lo notaba. En cómo se colocaba siempre un paso detrás mío, como si fuera una sombra protectora. Yo seguía usando mis vestidos más atrevidos, pero siempre tapados por un abrigo elegante. Y él, siempre impecable, con ese cuerpo que parecía hecho para el pecado y esa seriedad que me ponía los nervios de punta. En los eventos, ...
... varios hombres se me acercaban. Algunos con modales y sonrisas sinceras. Otros, más insistentes, con comentarios sutiles que rozaban lo inapropiado. Una noche en particular, en un cóctel de cierre, un empresario canadiense se pasó de la raya. Me había estado siguiendo por todo el salón, intentando convencerme de tomar algo “en privado”. Yo le había respondido con diplomacia, pero él insistía. Se acercó demasiado. Me rozó la espalda al hablarme al oído. Y ahí apareció Marcus. No sé en qué momento se había colocado a mi lado, pero de pronto lo sentí. Su cuerpo imponente, su brazo que me rodeó suavemente por la cintura para alejarme del hombre sin decir una palabra. —La señora no está interesada —dijo con voz grave, sin alzarla, pero con una firmeza que congeló el ambiente. El canadiense retrocedió, murmuró una disculpa y desapareció. Yo me quedé inmóvil, con la respiración agitada. Marcus aún tenía su mano en mi cintura. Solo por un segundo más… pero fue suficiente. Me aparté despacio, acomodándome el saco, sin mirarlo. No podía. Sentía el pulso latiéndome entre las piernas. Esa noche, al volver a la habitación, cerré la puerta y me apoyé contra ella. Jadeaba. Me quité el saco. El vestido rojo se me pegaba al cuerpo. Me quedé así, a oscuras, sola… y tan mojada como hacía tiempo no me sentía. Los días siguientes transcurrieron entre reuniones y eventos, pero también con pequeños momentos a solas con Camila. Era mi cable a tierra en esa ciudad que me ...