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Aires de Gratitud
Fecha: 28/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
... frase me tomó desprevenido. —Quería disculparme por lo de la otra vez. No debí decidir sin hablarlo contigo. Me quedé en silencio unos segundos. Eran pocas las veces que Marcela admitía haberse equivocado, y eso me hizo sentir un nudo en el pecho. Tal vez había sido demasiado duro con ella, tal vez ambos habíamos actuado mal. —No pasa nada —respondí al final—. Me alegra que me llames. Seguimos conversando con una calma que hacía mucho no sentíamos. La tensión de nuestra última discusión parecía haberse disipado, al menos por ahora. —Si quieres, puedes pasar por mi casa —le dije sin pensarlo demasiado. Hubo un breve silencio al otro lado de la línea antes de que respondiera. —Me gustaría. Nos vemos más tarde. Colgué el teléfono y solté un suspiro. No estaba seguro de qué esperaba de ese encuentro, pero algo en mí quería intentarlo. Mi casa estaba en un lugar apartado del centro del pueblo, cerca del río. Cuando llegó, la observé de pies a cabeza. Llevaba un vestido azul claro que le rozaba las rodillas, y su cabello caía suelto sobre los hombros. En su mirada se mezclaban la nostalgia y la cautela. —¿Podemos pasar? —preguntó con una sonrisa tímida. Laura venía en jean azul, con una camiseta cortica, estilo ombliguera y un saco abierto que cubría sus brazos, además traía unas muñecas en sus manos. La abracé y la alcé en mis brazos, haciéndole saber a ambas lo contento que me sentía por tener a mi hija en mi casa. Luego, sin esperar nada más puse mis labios en los suyos y le di ...
... un sonoro beso, probando quizás algún alegato de alguna de las dos, pero nada ocurrió. Les pedí que entraran, haciéndome a un lado. Mientras entraba, el murmullo del río cercano llenó el vacío que se formó entre nosotros. Percibí un manto de duda en Marcela, pero luego entró, Laura detrás de ella siguieron hacia la sala. Yo, medio asustado por mi propia e inesperada acción, camine tras de ellas Ya en casa, nos acomodamos en la sala, uno frente al otro, con una distancia prudente pero con un aire de familiaridad que aún no se había perdido del todo. La conversación comenzó con temas triviales: el clima, el trabajo, algunas anécdotas de Laura en la escuela. Hablábamos con naturalidad, sin prisas, como si por un instante el pasado y nuestras peleas recientes no pesaran sobre nosotros. Después de un rato, me levanté y fui a la cocina. Al volver, sostuve una botella de vino en la mano y la miré con una leve sonrisa. —¿Te provoca una copa? Marcela levantó una ceja, pensativa, pero luego asintió. —Por qué no. Tomé dos copas y serví el vino con calma, observando cómo el líquido rojo se deslizaba suavemente dentro del cristal. Le pasé su copa y chocamos suavemente los bordes en un gesto silencioso. El vino ayudó a relajar el ambiente. Las palabras fluían con más soltura, los recuerdos compartidos afloraban con menos resistencia. Reímos un par de veces con anécdotas del pasado, como si por un momento hubiéramos retrocedido en el tiempo a cuando todo era más sencillo. Laura jugaba en el ...