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Dominio Interno (1)
Fecha: 28/04/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Z Tales, Fuente: TodoRelatos
... marco de la puerta. Su mirada se pierde hacia la cocina, pero no hace el mínimo gesto para ir hasta allí. En lugar de eso, se estira, levantando los brazos con una naturalidad descuidada, dejando al descubierto un trozo de su vientre, apenas visible bajo la camiseta, que se sube con el movimiento. No es una provocación, ni un intento consciente de atraerlo; es simplemente un descuido, o quizás desinterés. Pero Enzo siente cómo el deseo lo golpea desde lo más profundo. Así que él se acerca. Pone una mano en su cadera con suavidad, un gesto cotidiano. La besa, buscando un contacto que le confirme que aún hay algo entre ellos. Ella corresponde, pero apenas es un roce leve, casi automático, como quien recuerda que debe hacerlo, aunque realmente no quiera. —Pensaba… —comienza él, tanteando— que podríamos ver algo juntos. O simplemente hablar. Ella sonríe, pero no es una sonrisa dulce. Es una sonrisa que contiene una disculpa anticipada, un aviso de que nada va a cambiar. —Voy a seguir con las pruebas. Aún no estoy satisfecha con las últimas iteraciones. Hay cosas que quiero pulir antes de dormir. —¿Quieres compañía? —pregunta, intentando sonar casual. Se odia por sentir que se está arrastrando ante su propia novia. Kaela inclina la cabeza, como si lo considerara. Luego niega. —Este test es mejor hacerlo sola. Enzo asiente, sin fuerzas para insistir. Pero cuando su mano se desprende de la cintura de Kaela, tiembla levemente, como si quisiera aferrarse a ...
... algo que se escapa. Ella se da la vuelta, descalza, silenciosa, y desaparece tras la puerta. El indicador rojo se enciende de nuevo. Él se queda allí un rato, inmóvil. El beso aún húmedo en los labios, la piel fría en la palma. La distancia entre ambos no se mide en metros. Es otra cosa. Y parece crecer cada noche. 3 Sin ganas de dormir, Enzo se dirige a su despacho y, desde allí, a la cabina de estimulación sensorial, una cápsula blanca y minimalista que recuerda levemente a un enorme sofá individual, metálico y acolchado. La superficie pulida refleja su rostro con una expresión firme, casi desafiante, mientras la luz fría del pasillo acentúa esa mezcla de soledad y resolución que ha ido forjando en las últimas semanas. Sabe que antes de entrar tendrá que desnudarse; no quiere mancharse de semen. Es un pequeño acto de control, un gesto silencioso para reafirmar que, aunque todo parece tambalearse, todavía puede decidir cómo enfrentarlo. Y si Kaela pasa mucho tiempo en su cápsula, él también va usar la suya para liberar tensión. Se quita la ropa con movimientos medidos, casi ceremoniales, dejando cada prenda doblada con cuidado sobre una silla cercana. Después echa el pestillo del despacho. Lo último que quiere es que Kaela le vea así. Ajusta el aro metálico delgado alrededor de sus sienes, el pequeño dispositivo neural que le conecta directamente con la cabina. Apenas siente la presión inicial, pero sabe que en segundos su mente se sumergirá en otra ...