1. Dominio Interno (1)


    Fecha: 28/04/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Z Tales, Fuente: TodoRelatos

    ... penumbra envolvente. Allí dentro, no hay cables, ni tecnología visible, ni cuerpos físicos. Todo ocurre dentro de su mente, proyectado directamente en los surcos de su cerebro: sensaciones, voces, texturas, presencias. Nada de lo que ve o siente está fuera de ella, pero todo se percibe con una intensidad física aplastante. En ese espacio íntimo, seguro y diseñado a su medida, Kaela no está sola.
    
    La presencia de Echo se manifiesta frente a ella. No hay un sonido de entrada, ni un destello que anuncie su llegada. Simplemente está allí, como si siempre hubiera estado. Alto, de hombros amplios y postura relajada, se apoya contra el marco de una puerta que no existía un segundo antes. Su silueta es masculina, con músculos fibrosos pero poco definidos bajo su piel morena. Lleva una camisa entreabierta, como recién desabrochada por otras manos, y sus ojos—oscuros, difíciles de enfocar—la observan con una calma que es casi invasiva. Su rostro es el de alguien de mediana edad, con mandíbula afilada, barba de pocos días y una nariz redondeada. Un rostro que Kaela conoce bien.
    
    —Has tardado en volver —dice con una voz baja, sin urgencia. No es un reproche, solo constata un hecho.
    
    Kaela no responde. Lo mira con los brazos cruzados sobre el pecho, como si necesitara protegerse un poco, aunque no hay una amenaza real. Allí ella tiene el control de todo. Es solo un juego que ella misma ha decidido empezar.
    
    —No tenía claro si quería repetir —murmura finalmente. Su tono es firme, ...
    ... pero su cuerpo no lo sigue. Un paso hacia él. Apenas un movimiento de hombros que descubre su cuello.
    
    Echo sonríe. Se adelanta unos pasos, sin tocarla, pero llenando el aire con su calor. Hay algo en su forma de estar que la desarma en la distancia.
    
    —Lo que quieres no siempre es lo que dices que quieres. Y eso está bien. Estoy aquí por eso.
    
    Kaela traga saliva, no por nerviosismo, sino por un gesto reflejo. Intenta analizar fríamente la situación. Calibrar lo que va a ocurrir a continuación. Lleva tiempo explorando los límites de su propia voluntad. Y sabe, en el fondo, que ya ha cruzado muchos de ellos. Demasiados como para volver a la casilla de inicio.
    
    —Entonces solo observa —le dice él, con un tono que no admite réplica—. No tienes que decidir aún. Solo siente.
    
    Ella no responde. Pero tampoco se aleja.
    
    Él se mueve despacio, como si el tiempo dentro de ese espacio mental no importase. Rodea a Kaela, sin tocarla todavía, pero ocupando cada hueco de su atención. El entorno—esa habitación virtual de sombras cálidas y luces difusas—parece inclinarse hacia ellos, como si la escena entera dependiera solo de su voluntad.
    
    —¿Quieres rendirte hoy? —pregunta, su voz grave, apenas un murmullo detrás de su oído.
    
    Ella no contesta. El silencio se prolonga, espeso, expectante. Pero no hay tensión, solo deseo reprimido, enredado con las dudas de si está haciendo lo correcto dejándose llevar una vez más. Su respiración cambia antes de que su respuesta llegue.
    
    Echo ...
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