1. Dominio Interno (1)


    Fecha: 28/04/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Z Tales, Fuente: TodoRelatos

    ... extiende la mano y la desliza con firmeza por su cabello. No es un tirón. Es una invitación. Sus dedos se cierran alrededor de la base de su nuca, no con violencia, sino con autoridad. Kaela alza el rostro para mirarlo, los ojos brillantes, el pulso acelerado.
    
    —Puedes decir que no —le recuerda, sin sarcasmo—. Tu mandas aquí.
    
    Lo dice como si lo creyera. Como si eso no cambiara nada.
    
    Kaela se queda inmóvil, atrapada entre el orgullo y sus necesidades más profundas. Por un instante, parece que va a dar un paso atrás. Pero no lo hace. Sus rodillas se flexionan, casi por reflejo, y su cuerpo se entrega al gesto que su mente aún duda en aceptar.
    
    Cuando alza la vista desde el suelo, Echo ya se ha despojado de todo símbolo de neutralidad. Está completamente desnudo, su cuerpo erguido y sereno frente a ella. Una sonrisa en su mirada, un «lo sabía». Firme, paciente, esperando algo que no puede tomar por sí mismo. Pero que sabe que ella le entregará sin reservas.
    
    —Sabes por qué estoy aquí —dice, con voz neutra, sin adornos—.No me hagas esperar.
    
    Su miembro no es descomunal ni grotesco, como en tantas simulaciones vulgares que Kaela había explorado antes. Es firme y proporcionado, como esculpido para encajar en todos sus rincones. Sin venas exageradas ni brillos sintéticos; solo una piel tersa, de un tono cálido, ligeramente más oscuro en el glande, que late con una presencia viva y paciente. Encaja con ella. No solo en lo físico, sino de forma más profunda. Como si ...
    ... su cuerpo hubiera estado esperando precisamente esa forma, esa medida, esa textura. Como si todo en ella hubiese sido calibrado en secreto para recibirlo.
    
    Al inclinarse siente una mezcla extraña de vergüenza y deseo, llevando los labios hacia la base del sexo que ha estado observando segundos antes. Lo sostiene con una mano, notando su peso firme, natural. Su piel es cálida, palpitante. No hay una orden, ni una palabra. Solo un espacio abierto para que actúe. Para que se rinda.
    
    Y lo hace.
    
    Abre la boca y lo envuelve lentamente, dejando que la punta se deslice contra su lengua. Lo siente encajar como si lo hubiera hecho mil veces antes, como si su cuerpo lo recordara mejor que su mente. Cierra los ojos. Comienza a moverse con una cadencia suave, medida, como si respirara a través de él. No hay prisa, solo necesidad.
    
    Su lengua traza movimientos instintivos. Los mismos que ha soñado, que ha fingido en otras ocasiones con menos deseo. Pero esta vez no hay teatro. Solo entrega. Total, silenciosa, sin excusas.
    
    Siente el pulso de Echo en su garganta, y cada vez que desciende un poco más, una oleada de calor se enciende entre sus piernas. Le arde el vientre. Un hilo de saliva le baja por la comisura sin que le importe. Nada importa más que esto: que está arrodillada, entregada, y que cada movimiento suyo es propio, nacido de un deseo que ya no finge no tener. Cierra los ojos. Siente cómo su propio cuerpo responde, cómo un calor inesperado le recorre el vientre, bajando ...
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