1. Mamá ¿por qué estás desnuda? (11)


    Fecha: 28/04/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos

    Era un lunes. Mamá estaba encima de mí, completamente desnuda, con las rodillas abiertas, completamente empalada en mi erección, como una estatua en movimiento que hubiera reemplazado el mármol por carne y hambre.
    
    No sé cómo llegamos ahí, la verdad. Seguro fue una de esas conversaciones sin sentido, un beso, y luego el mundo se achicó hasta reducirse a la franja minúscula de colchón donde dos cuerpos colisionan sin escape posible. Yo estaba acostado de espaldas, con la verga dura como poste y el corazón latiendo en la garganta, y ella—Patricia—me cabalgaba con la precisión de malabarista.
    
    El cabello le caía a ambos lados de la cara, hilos castaños y un poco enredados por el sudor. Cada vez que bajaba, la gravedad hacía que sus pechos se balancearan suavemente, rebotando en cámara lenta justo en el centro de mi campo visual. Los pezones estaban duros, casi puntiagudos, oscuros, y parecían mirarme con más intención que los propios ojos de mamá. Y es que los ojos—los de ella—tenían un brillo raro. Algo que no era sólo lujuria, sino también una especie de satisfacción, una alegría que se desbordaba con cada movimiento.
    
    Ahora, semanas después, la técnica de mamá era soberbia. Había aprendido a mover las caderas en círculos, e incluso a apretar los músculos internos y a modular la presión como si tuviera controles invisibles instalados en su interior. Podía sentir la textura de su vagina, caliente, blanda, pero a la vez resistente, como una garganta de terciopelo que ...
    ... nunca quería soltarme.
    
    Mamá parecía gozarlo aún más que yo. Cada tanto cerraba los ojos, apretando los dientes, y soltaba un gemido bajo, casi un maullido, que se mezclaba con el aire húmedo del cuarto. No paraba de mirarme, de vez en cuando, como si necesitara comprobar que era yo el que estaba debajo,
    
    Me dejé llevar por la corriente, abandonando todo control. Era imposible hacer otra cosa: mamá dominaba el ritmo, la intensidad, incluso los silencios. Cada vez que sentía que me iba a correr, ella cambiaba la cadencia, o apretaba las paredes de su vagina como si estuviera ordeñando el orgasmo pero al mismo tiempo negándolo. El sudor nos cubría los dos; en algún momento, el colchón empezó a hacer un ruido sordo, un quejido que acompañaba la sinfonía de piel y respiración entrecortada.
    
    La veía moverse arriba y abajo y por un instante me pareció que el tiempo se expandía hacia los lados. No había mundo fuera del rectángulo de cama. Ni futuro, ni moralidad. Sólo el acto—hermoso, bestial, repetido hasta el infinito—de mi madre, desnuda y perfecta, cabalgando mi verga con una destreza y una alegría que me hacían preguntarme cómo diablos había sobrevivido antes a la vida sin esto.
    
    —¿Te gusta así? —preguntó, y la voz le salió ronca, un poco rota.
    
    Asentí, sin poder hablar. El placer me tenía la garganta atrapada.
    
    —¿Y más rápido? —y aceleró, dejando que el peso de su cuerpo me clavara más hondo en el colchón. Sentí el semen arremolinarse en los testículos, la presión ...
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