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Mamá ¿por qué estás desnuda? (11)
Fecha: 28/04/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos
... creciendo, pero de nuevo mamá aminoró el ritmo, haciendo movimientos lentos, casi hipnóticos, que sólo intensificaban el tormento. Estuvimos así varios minutos, una danza de tensión y alivio, de acercamientos y retiros. El orgasmo era una ola en el horizonte, siempre a punto de romper pero nunca estrellándose por completo. Hasta que finalmente, mamá se inclinó hacia adelante, me besó en la boca y apretó la pelvis contra la mía, girando en espasmos que la dejaron temblando sobre mí. Sentí su sexo contraerse, palpitando, y en ese instante, ya sin remedio, me corrí dentro de ella con una violencia que me arrancó un grito animal, mezcla de placer y derrota. Me estaba volviendo adicto a esa combustión violenta que me obligaba a gemir y retorcerme. Mamá no se quitó, simplemente se dejó caer sobre mi pecho, jadeando, con el sudor pegándole los cabellos a la frente y el cuerpo entero vibrando de cansancio. Sus pechos aplastados contra mi torso, su pubis todavía pegado a mi pelvis, y mi verga enterrada hasta el fondo, palpitando en una gloria final que sólo existe en el primer orgasmo de la mañana. Estuvimos así, pegados, por un tiempo que no sabría medir. El sudor comenzó a enfriarse, y el olor del sexo se mezcló con el aire pesado del cuarto. —Buenos días… —dijo mamá, y la voz le salió tan suave que apenas la escuché. —Sí, —dije, sin necesidad de completar la frase. Nos reímos, sin motivo, sólo porque la risa era la única forma de no explotar. Cuando ...
... finalmente se movió, mamá dejó que mi verga resbalara fuera de su cuerpo, y una mezcla tibia de semen y jugos corrió por sus muslos, manchando la sábana. Ella no se inmutó. Caminó desnuda hasta el baño, meando con la puerta abierta como si nunca hubiera existido pudor en la especie humana. Luego volvió, se acostó a mi lado y puso la mano en mi vientre, dibujando círculos perezosos con la yema del dedo. —¿A qué hora entras hoy? —preguntó. —En una hora —dije, mirando el techo. —¿Y estás listo para los finales? Me reí, —No todavía. Mamá se incorporó, apoyó la cabeza en la palma de la mano, y me miró con una mezcla de severidad y ternura. —Tienes que estudiar más, —dijo, y el tono era tan maternal que por un segundo me sentí niño otra vez, solo que ahora tenía el pene empapado en los fluidos de mi propia madre. Me vestí rápido. Camisa, pantalón, mochila. Mientras me abotonaba, miré de reojo a mamá, que seguía desnuda en la cama, ahora revisando el celular. El cuerpo le brillaba de sudor seco, y la línea de vello púbico se veía más oscura a contraluz. Antes de salir, me detuve un segundo en la puerta. —Tienes razón, —le dije—. Las siguientes dos semanas me voy a centrar en estudiar… Mamá se quedó pensando, y luego, con una sonrisa dulce, se acercó y me acarició la cara. —Ese es mi hijo —dijo, y me dio un beso rápido en la mejilla—. Ya tendremos tiempo… vacaciones. Salí del cuarto con una sensación extraña, mezcla de gratitud, alivio y un poco de ...