1. La tradición de la familia Torres


    Fecha: 28/04/2026, Categorías: Incesto Autor: Birkin1990, Fuente: TodoRelatos

    ... primero detrás de Carmen. Sus manos, ya sin el temblor de los primeros tiempos, se posaron con firmeza en las caderas de su suegra. Ella emitió un suspiro de expectativa.
    
    —Voy a prepararte, Carmen —dijo, con una ternura práctica que se había desarrollado con los años.
    
    Sumergió los dedos en el aceite tibio. Con una precisión de artesano, comenzó a masajear la entrada anal, tensa de la mujer, dibujando círculos suaves pero firmes, trabajando la musculatura hasta sentirla ceder bajo sus yemas. No era solo una lubricación; era un preludio, una manera de decir estoy aquí, confía en mí. Carmen gimió, relajándose visiblemente, su espalda se hundió un poco más en una curva de total entrega.
    
    —Gracias, hijo —murmuró ella, y la palabra "hijo" ya no sonaba extraña, sino a pertenencia.
    
    Luis limpió sus dedos en una toalla cercana y se movió hacia Elena. Su cuñada siempre estaba más impaciente. Al primer contacto del aceite, un estremecimiento recorrió su espalda.
    
    —Tranquila, Elena —susurró Luis, aplicando el lubricante con la misma dedicación—. Hay tiempo.
    
    Ella asintió, conteniendo su fogosidad natural, permitiéndose el momento de preparación. Sus músculos, al principio tensos, se ablandaron bajo su tacto experto. Luis conocía cada cuerpo, cada reacción, cada pequeño sonido que delataba placer. Era un conocedor de sus mujeres.
    
    Por último, llegó a Sofía. Su esposa. Al posar las manos en la pequeña de su espalda, sintió la misma oleada de amor de siempre, mezclada con ...
    ... un deseo profundo y calmado. Su masaje fue más lento, más íntimo. Se inclinó y dejó un beso en el coxis de ella.
    
    —Lista, mi amor —dijo suavemente.
    
    Ella volvió la cabeza lo justo para sonreírle, sus ojos brillaban con amor y lujuria. —Siempre lo estoy para ti.
    
    Luis se colocó entonces detrás de Carmen de nuevo. Ya no había titubeos, ni dudas. Con una mano guió su miembro, ya firmemente erecto, hacia la entrada que acababa de preparar. La penetración fue un solo movimiento, fluido y profundo, como encajar la última pieza de un rompecabezas perfecto. Carmen recibió su avance con un gemido largo y satisfecho.
    
    Y así comenzó el ritmo. Lento, deliberado, poderoso. El sonido de sus cuerpos uniéndose era un mantra conocido, el aroma a aceite y lavanda un incienso secular. Luis movía sus caderas con una confianza que había tardado años en pulir, sabiendo exactamente el ángulo, la profundidad, el tempo que cada mujer necesitaba.
    
    Al terminar con Carmen y luego con Elena, su respiración era más pesada, su piel relucía de un sudor ligero. Pero su mente estaba clara, enfocada en la belleza del ritual, en la profundidad de la conexión.
    
    Cuando finalmente se unió a Sofía, fue como volver a casa. El clímax no fue una explosión de descontrol, sino una ola poderosa y serena que lo recorrió de pies a cabeza, un estallido de paz y posesión mutua que lo dejó vacío y completo al mismo tiempo.
    
    Se recostó sobre los cojines, jadeando suavemente, y las tres mujeres se relajaron a su ...
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