1. Mi mujer y mi vecino cogen, eso me parte el alma (1/2)


    Fecha: 29/04/2026, Categorías: Infidelidad Autor: suruminga, Fuente: CuentoRelatos

    ... que, en poco tiempo, puso al macho en ebullición; de ese estado la sacó mi llamada.
    
    -“Hola mi amor, te escucho”.
    
    Ella sabe, porque es mi costumbre, que nunca llamo por entretenimiento o cortesía de baja calidad, sino cuando hay algo de cierta importancia de por medio, por esta razón se cuida de pasar por alto mi llamada; ya una vez le sucedió que por no atender en el tiempo razonable se perdió un hermoso viaje pues necesitaba su número de documento para hacerlo constar en la reserva, en esa oportunidad intenté dos veces con un intervalo razonable, al no ser atendido no hubo una tercera, cosa que se lo hice saber.
    
    -“Hola querida, estoy en casa y necesito que cuando regreses me compres un pendrive de buena capacidad.
    
    Si mal no recuerdo hoy llega Rubén, así que en seguida iré a ver cómo está el departamento, ahora corto porque se me acaba la batería y lo pondré a cargar, por diez minutos estaré sin teléfono”.
    
    Uno de los tantos espectáculos maravillosos de ver es la desesperación del tramposo, intentando salir del brete a punto de ser enganchado con las manos en la masa. Y eso mismo le paso a mi esposa que, después de decirme «mi amor», trataba de arreglarse y salir pitando para caminar los quince pasos que la separaban de nuestra vivienda. Dos minutos después se abría la puerta y entraba.
    
    -“No me diste tiempo a contestar que ya estaba llegando”.
    
    -“No hay problema nena, en otro momento será”.
    
    Y sabiendo lo que iba a encontrar me levanté para tomarla de ...
    ... la cintura y besarla, pero por supuesto frené antes de hacerlo.
    
    -“La putísima que la parió, de nuevo ese olor repugnante en tu cuello, pareciera que falta un buen lavado, caminá hacia el baño y desnúdate que te voy a lavar yo”.
    
    -“Cómo se te ocurre, no lo voy a hacer”.
    
    Fui a la cocina, busqué la esponja de lavar vajilla que tiene un lado de fibra dura, regresé, la tomé del pelo y, ya en el baño le arranqué la ropa, haciéndola entrar desnuda en la bañadera, largando luego el agua; me desvestí quedando en calzoncillos e ignorando su llanto, me dediqué a pasarle jabón por el cuello empleando la esponja abrasiva; terminada la tarea, secado y vestido reanudé lo que estaba haciendo antes de su llegada. Al rato se acercó.
    
    -“Es la segunda vez que me maltratás”.
    
    -“Es verdad, porque es la segunda vez que traés ese olor que me saca de quicio”.
    
    -“Por favor, andá a la farmacia a comprarme una crema que me calme el ardor en el cuello”.
    
    -“No preciosa, lo único que falta es que yo tenga que solucionar tus problemas”.
    
    Y llorando, presumo que de impotencia, se puso un pañuelo tapando esa zona y salió. Era la oportunidad de comenzar el ajuste de cuentas con el que se creía El Barón de la Poronga; me vestí con ropa negra holgada, un pasamontaña con relleno arriba que me hacía unos veinte centímetros más alto, guantes apropiados y la manopla de acero; fui a la puerta del departamento toqué timbre y al abrirme, sin decir una palabra le di dos trompadas en el pecho que lo ...
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