1. Voyeur animal


    Fecha: 30/04/2026, Categorías: Gays Autor: ShadowAnkley, Fuente: TodoRelatos

    ... verdad es que no tengo ni idea de a qué dedica su vida. Tampoco sé cómo se llama o su edad exacta o su orientación sexual. No sé nada de él, pero al mismo tiempo lo conozco como no conozco a muchos de mis mejores amigos.
    
    Se desviste delante de la ventana sin pudor alguno. Ni apaga la luz, ni baja la persiana. Se quita la camiseta que lleve puesta (que, salvo cuando está en la lavadora, suele ser una roja de algodón con el símbolo deFlash atravesado en el pecho) y los gayumbos, (siempre tipo bóxer) y manda las dos cosas a una esquina de la habitación. Completamente desnudo, se tira en la cama, que cruje bajo su peso, y se mueve un rato hasta encontrar la postura adecuada. Después, aprieta el interruptor que queda al lado de su cabeza. Es ahí, cuando se hace la oscuridad, que empieza la magia.
    
    La pantalla rectangular del teléfono de mi joven vecino se enciende con un brillo muy tenue y le ilumina la tez blanca desde abajo. El halo de luz es limitado y buena parte de su cuerpo queda fuera del alcance, pero a mí me basta con poder intuir los contornos de su cuello, de sus hombros, de sus clavículas, de sus pequeñas tetillas de pezones rosados. No necesito más. El chico navega por la red durante unos minutos que se me hacen inevitablemente eternos cada noche hasta que encuentra algo que le interesa. Entonces, el vídeo que ha elegido empieza a reproducirse y unos gemidos tan tenues como la luz que sale de su teléfono me llenan los oídos.
    
    Su mano y la mía se mueven ...
    ... prácticamente a la vez. La suya se cierra en torno a su polla flácida, la mía todavía se entretiene unos segundos con la cinturilla del pantalón de Calvin Klein. Sé que tengo que empezar un poco más tarde que él si quiero correrme al mismo tiempo. Mi chico tiene buen aguante.
    
    Comienza a pajearse muy despacio, apenas sobeteándose el rabo. Yo me limito a observar. Las primeras veces que lo hice me sentí como un puto cerdo porque tengo edad como para ser el padre del chaval. Sin embargo, el paso de los días y de las noches y sobre todo de las madrugadas en soledad, acompañado únicamente por el tacto húmedo de las sábanas empapadas en el sudor del julio madrileño, hizo que la culpa fuera diluyéndose. ¿Qué iba a hacer yo si él se tocaba para todo el vecindario? ¿Cambiar mis horarios de sueño y todas mis rutinas? ¿Cerrar las ventanas, bajar las persianas, correr las cortinas y ahogarme en mi propia transpiración? ¿Fingir que no veía lo que veía y que no oía lo que oía e irme a dormir cada noche con la polla como un palo y los huevos a punto de estallar?
    
    Escucho con atención. Mi chico no es nada escandaloso. Nunca le he oído gemir, tan solo jadear con cierta ansia según va acercándose al clímax y exhalar un quejido mudo, agónico y agudo cuando por fin se corre; pero a estas alturas sé interpretar hasta los cambios más sutiles en su respiración. Por ejemplo, ahora que tiene la boca entreabierta y que se le escapa un aliento tembloroso cada vez que se llena los pulmones de aire, sé que ...
«1234...»